Nuestra Carta Magna

Como todas las leyes del mundo, objeto de diversas interpretaciones y actualizaciones al pro mayor, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos está de fiesta este 5 de febrero.
Data del año de 1917, cuando el Congreso Constituyente decretara su publicación a través del jefe del Ejecutivo, Venustiano Carranza como primer jefe del Ejército Constitucionalista. Es la Carta Magna la máxima ley de todos los mexicanos, y de ella emanan los ordenamientos jurídicos federales, estatales y municipales.
Viene a sustituir la decretada el 5 de febrero de 1857.
Se dice que ninguna ley debe estar por encima de ella. Es la máxima ley, así de claro.
A través de casi cien años, -97, para ser exactos- ha sufrido una serie de modificaciones y adecuaciones por los diputados de las distintas legislaturas. algunas de estas reformas, y lo sabemos, se encuentran perfectamente sustentadas en la actualidad de cuando fueron hechas, aunque otras han sido cuestionadas por expertos del derecho.
Es el documento que nos da identidad jurídica, pues, y no podemos tener nada que se refiera a cualquier tema que no esté ahí sujeto a su lineamiento.
Es cierto, algunos gobernantes han hecho todo menos respetar la Constitución, sin embargo, es obligación de los legisladores el observar su cumplimiento y señalar a quienes no la observan.
Uno de los capítulos más interesantes y trascendentes es el que se refiere a las garantías individuales de las que supuestamente gozamos todos los mexicanos, incluyendo la libertad de credo, tránsito, expresión, educación, religión y otras cosas más.
Es la que nos dice que somos personas libres, o al menos, en el papel sí lo somos, y podemos expresar libremente nuestras ideas. En ella se fundamenta el sagrado derecho de los periodistas a la Libertad de Expresión que, debemos puntualizar, no es exclusivo de quienes abrazamos esta profesión, sino de todo mexicano en goce de sus derechos civiles.
Aunque el lunes pasado no hubo labores ni escolares ni en cualquier empresa y dependencia por una ordenanza oficial más absurda que práctica, seguramente hoy, en algunas instituciones educativas recordarán la importancia que tiene este documento en el quehacer diario de la nación mexicana.
Las leyes, dicen los que conocen de ellas, son para interpretarse y eso hacen los que se encargan de legislar y laborar en cuestiones jurídicas y judiciales, sin embargo, las interpretaciones a veces chocan con los derechos de muchos de nosotros y se tornan en decisiones absurdas y obsoletas, ilegales e injustas.
Es ahí donde deben estar pendientes nuestras autoridades.
Y en los estados, todo ordenamiento que surge del Congreso local está fundamentado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, porque de otra forma sería ilegal.
Como es ilegal el suponer que estamos vigilados, el que no podemos tener tránsito libre y seguro, el que no podamos tener cualquier creencia política o religiosa, como muchas cosas que están ahí, siempre presentes, insinuando cosas que no están contempladas en las leyes correspondientes.
Es por ello que los diputados en turno han hecho modificaciones: porque se interpretan de otra manera y porque los tiempos han cambiado así como las necesidades de los mexicanos.
Un claro ejemplo es la reforma energética, que ha sido sustentada en los principios constitucionales aunque algunos políticos de oposición consideren lo contrario.
Es aniversario de nuestra Carta Magna, y por tal motivo tenemos que festejar su creación, su actualización, pero más importante, su preservación y observación en bien de todos los mexicanos.
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