Realmente nos ha sorprendido el Congreso del Estado y sus integrantes, refiriéndonos a los que fungen como diputados locales, de representación proporcional y plurinominales, que se han puesto a trabajar a buen ritmo según sus resultados, pero más importante aún: están dando a conocer su trabajo a la ciudadanía.
Siempre hemos tenido diversas opiniones sobre este grupo de tamaulipecos que, sabemos, cobran muy bien y aparentemente no hacen más que estar una vez por semana en su sesión, levantar el dedo, pelear y ya. Hoy ha cambiado la precepción ciudadana de quienes conforman la actual legislatura, y eso, sinceramente, pensamos que es positivo, tanto para ellos, porque validan su función, como para nosotros que sentimos que están trabajando por sus representados.
Sin embargo, algo hay que está faltando según la percepción ciudadana y es el resultado llano, tácito, congruente con lo que llevan a cabo.
Nos da gusto que se preocupen por sus representados y vayan a dejar beneficios, aunque nos gustaría muchísimo que pudieran ser factor de gestión en otros niveles, por ejemplo, para que haya más empleo en la entidad, para que se puedan acoplar las leyes y se reflejen en beneficios de interés social como mejoras en la educación, los sistemas de salud, vigilancia, tránsito y otros rubros que urge atender.
Vemos a diario la manera en que la gente viola leyes y reglamentos y nadie hace nada por meter al orden a quien no gusta de observar lo que está dispuesto en estos ordenamientos.
Cualquiera puede tener basura o material de construcción en la vía púbica sin que haya poder humano que los ordene o sancione en caso de no atender las indicaciones de la autoridad.
Sentimos que el poder legislativo puede hacer valer su peso en la sociedad para ayudar a los que tienen que hacer cumplir la ley, y que en forma coordinada con el poder Ejecutivo y el Judicial, se pueda tener una convivencia adecuada.
El diputado Ramiro Ramos Salinas ha hecho un importante esfuerzo por validad la función del legislador y eso es altamente positivo, porque insistimos, mucha gente considera que están cambiando su actitud a favor de los que representan y votaron por ellos: los ciudadanos.
Somos exigentes, inconformes por naturaleza, quizá sí, pero es la condición humana y algo hay que hacer para tener opiniones favorables.
Tomamos por actividad cotidiana la crítica sin fundamento y hacemos de cualquier acción de gobierno un buen tema de discusión para descalificar a todo tipo de autoridades.
Sinceramente, tenemos algo de razón para pensar así, ya que, históricamente, no nos ha ido bien. Ya ve usted los cambios en los ingresos de la gente que cada vez son menores en proporción a los gastos y tributos que pide la autoridad federal; cada día se debe pagar más a cambio de menos, porque la percepción ciudadana es que no se refleja el esfuerzo ciudadano en los resultados de gobierno.
Nos falta mucho, lo entendemos, y para ello hay que poner mucho coraje y entusiasmo en el trabajo a realizar.
México necesita cambiar en muchos aspectos, y eso compete a la autoridad que debe hacer por cambiar la actitud de quienes ostentan los cargos públicos, así como de la ciudadanía, que al tener un cambio de mentalidad tiene que hacer mejoras en su sistema de vida y propiciar que todos podamos convivir con armonía natural y necesaria.
Mientras tanto, los legisladores tamaulipecos han estado trabajando en sus comunidades, dando a conocer los resultados de sus gestiones, y mucha pero mucha gente piensa distinto.
Hoy los legisladores están validando su existencia, aunque claro está, y lo sabemos, les falta todavía muchísimo camino por recorrer para que el ciudadano que no ostenta responsabilidad gubernamental alguna los pueda calificar adecuadamente.
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