¿Cuál gente buena?

En el contexto nacional, Aguascalientes vuelve a dar de qué hablar con su estúpido moralismo mal encaminado y distorsionado de una realidad que tenemos que ajustarnos, para poder convivir, nos guste o no.
Hace algunos años, con una administración de corte panista, puritano e hipócrita, clausuraron una exposición fotográfica en la Casa de la Cultura de aquella ciudad porque contenía imágenes que “dañaban la moral”.
Obviamente, se refería a algunos desnudos que, en forma enérgica, protestamos a través del grupo de fotógrafos que teníamos relación con el Centro de la Imagen, el máximo foro de fotografía que tiene el Instituto Nacional de Bellas Artes.
Hicimos cartas de protesta ante esa moralidad mal encaminada, distorsionada, torcida y anacrónica, y finalmente se abrió la exposición de nueva cuenta.
Hoy, con el lema de “La gente buena no se tatúa”, han comenzado una campaña discriminatoria y hostigadora contra la gente que tiene tatuajes en el cuerpo.
Con la medieval idea de que los tatuajes eran propios de bandidos, presos o asesinos, las autoridades hidrocálidas –aguascalentenses les gusta que les digan, porque reniegan hasta de sus raíces- comenzaron una campaña discriminatoria en todos sentidos, como si de esta forma hubieran de cambiar el clima de inseguridad que se vive no solo en esa ciudad, sino en todo el estado y la región, y si vamos más allá, en el país entero.
Tatuarse es una decisión de cada quien. El proceso lleva una agresión al organismo porque se lastima y se depositan tintas que no son naturales del cuerpo humano, pero está comprobado que no hacen daño a la persona que se hace un procedimiento de esta naturaleza.
Se les impide donar sangre por razones que no nos han quedado claras, pero fuera de eso, no vemos qué tan malo o bueno sea el caminar con un tatuaje en la pantorrilla, el bíceps, la espalda o la cara misma.
Lo bueno de la gente, y lo malo aún, no se mide por la cantidad de tinta que pueda tener en el organismo, sino por su calidad humana, su bondad, sus virtudes y su capacidad para ser un ente que pueda convivir con los demás de su misma raza.
Los problemas del país son más serios como para que las autoridades estén persiguiendo gente tatuada: hay inseguridad, falta de infraestructura en salud, en educación, faltan carreteras bien habilitadas, sistemas de agua potable en todos los rincones del estado, programas de protección a los productores, sistemas tributarios más justos, y podemos seguir con la lista, pero la verdad, sentimos que no era tan importante perseguir a los tatuados.
Es labor de la CONAPRED –Comisión Nacional para la Prevención de la Discriminación- el entrar en funciones de forma enérgica en el estado de Aguascalientes y hacer valer el derecho de cualquier mexicano. Que no se hostigue a quien porta tatuajes.
Insistimos: podemos o no estar de acuerdo con esa forma de manifestación, con el trabajo de los artistas que tatúan, podemos estar o no de acuerdo con la persona que porta tatuajes, pero tenemos la obligación de respetar sus decisiones en ambos casos, que quede claro.
Insulta la actitud de las “autoridades” que debieran hacer algo más que jorobar a quienes tuvieron la idea, buena o mala, de tatuarse en alguna parte del cuerpo.
Qué bueno fuera que persiguieran a tanto político ladrón que se hace rico cada tres años: a esos que insultantemente pasean el fruto de sus pillerías y deshonestidad, y a quienes, con la mano en la cintura, se burlan de la aplicación de la justicia.
Como dirían en la calle, los “tatuados”, los que no están de acuerdo con una mojigatería hipócrita y deleznable, con una falsa moral, los que conocen nuestros derechos constitucionales, los que vivimos y queremos paz: no m…
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