Las instancias oficiales, municipales, estatales y federales cuentan con impresionante número de vehículos que conforman el llamado “parque vehicular”: los vemos por todas partes ostentando sus calcomanías de identificación.
Del Gobierno del estado de Tamaulipas, Gobierno de la República, Presidencia Municipal, Comapa, Telmex o lo que sea, pero la calcomanía nos ayuda a identificar estos muebles que circulan por las calles de la entidad, y un poco más.
Siempre se ha puesto en tela de duda el uso que se da a los vehículos, y algunos ciudadanos piden la explicación del por qué algunos servidores públicos tienen a su cargo vehículos de lujo. Finalmente, ser servidor público no es un lujo que haya que presumir, sino es una responsabilidad que hay que mostrar con acciones según cada una de las instancias.
Hace apenas unos días fue mostrada en Facebook una imagen de un vehículo con calcomanías del gobierno tamaulipeco ocupando un sitio para personas con discapacidad frente al Hospital General de esta ciudad, y también vimos un vehículo que circulaba por la avenida Juan B. Tijerina a velocidad inmoderada, zigzagueando por la avenida y poniendo en peligro no solo su vida, sino la de muchos de nosotros.
El manejar un vehículo oficial implica muchas responsabilidades, sin duda alguna: cuando vemos uno de éstos con cualquier identificación entendemos que estas personas NO tienen derecho a andar gastando recursos oficiales en asuntos particulares: cada carro de éstos o camioneta nos cuesta a todos, y no pagamos para que la esposa de un funcionario lleve a sus hijos a la escuela… o a una fiestecita infantil, aunque sabemos, para eso emplean muchos de éstos.
Las instancias oficiales –contralorías- correspondientes han anunciado en cada administración que no permitirán abusos, pero éstos los vemos y padecemos a diario.
Cuántas veces no nos hemos topado con una caravana de camionetas blancas, algunas, trasladando servidores o sus familiares, y otras con sus guardias que les han asignado, y no respetan señalamientos, bajo el argumento de que lo hacen “por seguridad”, como si no necesitáramos todos gozar de ese derecho constitucional.
El hecho es que muchos de éstos no tienen idea de lo que implica manejar un vehículo oficial.
Si vemos un carro con logotipo –el que sea- en una cantina, pensamos que están ocupando nuestro dinero para emborracharse; si lo vemos en la playa, sabemos que lo emplean para divertirse a costa de nosotros, y así, podríamos seguir caso a caso, sin entender por qué se les permite este abuso.
Entendemos que tienen algunos privilegios mal entendidos, pero no en-tendemos que abusen de cada uno de nosotros. El hecho de que se nos cierren o que se pasen señales de alto no es parte de su función ni nada por el estilo.
El respeto a las leyes debiera ser lo primero que tendrían que atender, y lo sabemos todos nosotros.
Nos gustaría, como parte de la sociedad mexicana, que quienes los manejan fueran responsables, cordiales, respetuosos y atentos a las leyes; no es bueno que abusen de estas cosas, y las autoridades deben infraccionar a los conductores de la misma manera que a los que andamos por las calles con carrito propio: somos tan mexicanos unos como otros.
Nos gustaría, también, saber que el recurso es empleado en forma adecuada. No nos gusta, la verdad, el abuso de que somos objeto, en la mayoría de las ocasiones, de parte de personal de tercero, cuarto o inferior nivel jerárquico: son servidores públicos, y sería muy interesante saber que han comprendido el término de referencia.
Somos respetuosos de la ley hasta donde dan nuestras capacidades, y queremos que ellos, los que nos deben servir lo hagan de la misma manera.
Sería muy interesante que hubiera un buen control al respecto, la verdad.