Soberbios

Los seres humanos no somos precisamente la raza más indicada para hablar de humildad que digamos. Somos especiales y muchas veces nos sentimos lo más granado del planeta, sin pensar que somos, precisamente nosotros, la raza que más hace por su desaparición, por la desaparición de los recursos del planeta y por la desaparición de otras razas y especies.
Hemos dejado para los libros y dibujos muchos seres vivos que hoy son historia y parte de las fábulas.
Nos ha sucedido con osos o lobos especiales lo que son los unicornios y minotauros: legendarios, mitológicos, sacados de no sabemos qué cuento.
Pero además, pensamos que somos lo único que hay valioso en el mundo, de ahí que pensemos qe la soberbia no es precisamente algo de lo que adolece el ser humano: somos soberbios a más no poder, aunque la verdad sea dicha, hay quienes abusan de este calificativo o defecto, y por lo general los encontramos en las esferas publicas, sean de la política o del espectáculo o el deporte.
Así vemos, por ejemplo, a un “Piojo” Herrera que siente que llegó por méritos propios a una selección mangoneada por los usureros de las televisoras que encontraron un nicho de negocio especial en los que juegan a representarnos como nación en el balompié.
El “Piojo” se prestó al juego y a la humillante actitud mercantilista de él y su señora madre al permitir que se burlen de él con el absurdo ridículo llamado 2piojomanía”, y que no tiene más interés que ridiculizar a un individuo que se gana el pan dirigiendo futbolistas… y prestándose a ser humillado.
Pero los soberbios otros son los que nos preocupan: los que dirigen municipios, estados o países, y que en México abundan: esos que creen que están gobernando porque todos los quieren y piensan que nunca se equivocan, indicando a sus colaboradores directrices absurdas que, por una actitud humillante y ratonera aceptan muchos de ellos con un “si, señor” de por medio, obedeciendo y acatando necedades de quien dirige o gobierna.
Aplica a universidades, gobiernos estatales, municipales, secretarías de estado y uno que oro negocio comercial, aunque es más frecuente en la política, también con diputados y senadores.
Sienten que nunca se equivocan, y todo lo que se hace es “por órdenes del señor gobernador”, sin pretender siquiera disimular que piensan.
Son los que hacen que nuestros gobernantes se sientan divinos, intocables, de una raza superior, únicos, sabios e inteligentes, entre otras cosas.
Nunca escucharemos a alguien rebatir al gobernador o al presidente diciendo: “Creo, señor, que podríamos hacer tal cosa en lugar de lo que usted ha ordenado”. Tienen un terrible miedo a perder su empleo pensando que si contradicen al jefe lo perderán. No entendieron que son colaboradores y no paleros, y sus actitudes, aparte de afectar los sistemas de gobierno, afectan la personalidad de quienes gobiernan, porque luego se sienten perfectos e intocables… perdiendo su condición humana.
José de San Martín (1778-1850), dijo: “La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”. Ajusta la frase para ejemplificar a aquellos que por tres o seis años –según corresponda- piensan que son perfectos, que no se equivocan y demás.
Pero cuando terminan su gestión y salen a la calle, caminando como usted o como yo, se dan cuenta que la bastilla de sus pantalones se mancha igual con el lodo de nuestras calles o el agua de la lluvia, que sus zapatos se llenan de la misma tierra que todos.
Y caen de ese pedestal en el que se subieron y marearon, ignorando las voces de quienes quisimos alguna vez decirles que teníamos una idea que pensábamos, era la más adecuada.
No cabe duda que se marean, aunque ese mareo solo tenemos la penitencia de sufrirlo por tres años… o seis, pues.
Comentarios: [email protected]