Día de la Mujer

El mundo entero celebra este 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer: fue Clara Zetkin, en el año de 1910, durante el Congreso Internacional de Mujeres socialistas que tuvo lugar en Copenhague, Dinamarca que pugnó porque se instaurara esta celebración.
Hablar de la mujer implica muchas cosas.
No podemos concebir el mundo sin ellas. Simplemente, son la parte prioritaria de la vida. Como madres, esposas hijas, amigas, compañeras o como lo que podamos pensar, las mujeres son parte fundamental en el desarrollo de cualquier tipo de sociedad.
Dice una frase que “detrás de cada gran hombre hay una gran mujer”, y lo anterior se ha tomado como una grave ofensa para ellas, porque sugieren que se minimiza su proceder al ubicarlas a las espaldas del varón. Suponemos que es al contrario, y que se quiso decir que cuando alguien alcanza el éxito es porque una valiosa mujer nos empujó a hacerlo. Son el motor del mundo, la mejor y más clara muestra de bondad y ternura, el ejemplo de amor y muchas cosas más, pero cuando comienza en algunos sectores esa interminable e inútil lucha por la “emancipación” o por la llamada “equidad de género” pensamos que ella, la mujer es la que más pierde porque se ubica en escenarios poco halagüeños.
Ser mujer no es ser igual que el hombre: nunca seremos iguales porque cada uno tiene un rol distinto en el mundo, que no se contrapone con el otro.
Nunca una mujer será como un hombre, y nunca un hombre será como una mujer, que quede constancia de ello. Pueden ocupar cualquier cargo o puesto laboral y de asistencia social, y seguramente darán su mejor y mayor esfuerzo, porque están acostumbradas a hacerlo: a trabajar sin desvelos ni quejarse por tanto esfuerzo que llevan a cabo desde que nacen hasta sus últimos momentos.
Tamaulipas y el mundo llevarán a cabo sendos eventos para recordar esta fecha que cumple ya 104 años de manifestarse en medios y la sociedad en general.
Sin embargo, suponemos que ella, la mujer, debe procurar su sitio en el mundo que es igual al de todos nosotros: nada especial, pero sí las mismas oportunidades.
No compartimos los pensamientos de muchas de nuestras amigas y colegas que luchan diariamente por los derechos y la equidad de género.
Habrá que preguntarse qué es equidad para ellos y ellas, y para cada quien que cuestione su distribución social y laboral en el mundo: la mujer no es objeto para que se reparta “mitad y mitad” y no es nada justo que por ser hombre o mujer tengan tal o cual puesto o trabajo, porque la capacidad no tiene género, así de rápido y claro.
Conocemos mujeres que luchan por ser iguales, pero a la hora de ir a pagar o formarse para algún trámite quieren hacer valer su condición femenina y se meten a las filas, argumentando que son primero las damas que los caballeros.
Cierto: hay mucha discriminación y violencia doméstica contra la mujer, pero no es hablando de equidad de género como se combate sino con los instrumentos legales que tenemos.
Mucho se puede hacer para dignificarla y ubicarla en su papel y su rol cotidiano, sea cual sea su actividad o postura frente a la vida.
Ellas, las mujeres, son el ejemplo de vida para muchos de nosotros.
Honremos este día y a todas ellas sin caer en esos excesos que les dañan más que beneficiarles, porque son tan especiales como cualquier ser humano y tan maravillosas como cualquiera de nosotros.
Son las mujeres esa parte de belleza que nos inunda. Viene a colación aquel Talmud judío que dice así:
Mujer,
fuiste creada de la costilla del hombre,
no de su cabeza para superarlo,
ni de sus pies para ser pisoteada…
Fuiste hecha de su costado para ser igual,
debajo de su brazo para ser protegida,
y muy cerca de su corazón
para ser amada.
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