El reciente escándalo de corrupción ue involucra a la empresa “Oceanografía” y que supera los muchos cientos de millones de pesos nos llama a hacer una profunda reflexión acerca de lo que somos en el país, y lo que queremos que sea, ya no para nosotros, sino para nuestros hijos.
Se habla de que están involucrados los hijos de la entonces Primera Dama Martha Sahagún de Fox y otros personajes; hay fraudes al Instituto Mexicano del Seguro Social y al INFONAVIT, entre muchos otros. Común en nuestro áos el que empresas de toda índole evaden sus responsabilidades laborales para con sus trabajadores, omitiendo el pago de cuotas obrero-patronales, que luego, cuando nos queremos jubilar o buscar un crédito para vivienda, nos damos cuenta que hemos sido brutalmente engañados.
No se diga el hecho de que no se paguen salarios a tiempo, lo que es una verdadera actitud criminal: nadie tiene derecho a jugar con el pan de los demás, y quienes viven del presupuesto oficial y no reciben su paga a tiempo saben a qué nos referimos: la terrible forma de querer controlar, pero sí de gastar fortunas en gastos superfluos, dejando a un lado el emolumento de quienes lo requieren.
La empresa ha entrado en todo tipo de fraudes y malas acciones según investigaciones, lo que llama la atención cuando se supone que tenemos órganos de control llamados Contralorías y que, por lo visto, sirven para dos cosas: para nada, y …
Ya los legisladores mexicanos han conformado una Comisión para investigar este tipo de acciones específicas de la empresa en mención, y pensamos si realmente vale la pena asumir esa postura, dejar que otros hagan el trabajo que debieron hacer los contralores, y en su caso, castigar con cárcel también a quienes no vigilaron la correcta aplicación del recurso público.
No es posible que se cree una comisión para investigar los fraudes de tal o cual obra pública: se supone que hay formas de control y regulación pero, ¿dónde están entonces?
Son tan jugosos los negocios y el cinismo de algunos legisladores llega a grado tal que afirman que en México “es común que haya estas acciones que hay que combatir”. ¿Por qué no se hace desde un principio y se propicia que no haya estas prácticas desleales, deshonestas e inmorales?
Somos de la idea de que en principio, los legisladores deben llamar a los que manejaron los órganos de control, tanto de Petróleos Mexicanos como de las dependencias involucradas, quienes concursaron, quienes decidieron y quienes manejaron los recursos de forma, por demás que se oculte y a todas luces ilegal.
No se necesitan formar comisiones: somos un país de éstas: Comisión para los festejos de tal o cual cosa, comisión para la investigación de un tema en especial, comisión para el desarrollo de otras tantas, y así, nos famos de comisión en comisión, dando paga a otros que harán el trabajo que no se supo hacer en tiempo y forma.
No tiene México por qué pagar estas millonarias cantidades de dinero en comisiones que se forman por un grupo de funcionarios o legisladores que no llenan con los magníficos salarios que reciben: van por la gratificación por pertenecer a tal o cual comisión, y engrosan las deudas del servicio público.
¿Es éste el México que queremos?
¡Qué flojera! No queremos ver más actos de esta naturaleza, no queremos que haya más familiares en las nóminas de quienes ostentan la decisión de poder decidir, no queremos que la gente siga callada.
Es la hora de denunciar a los malos mexicanos que roban a manos llenas, y que se meta en cintura a esos deshonestos que siempre existen.
Muy saludable será el pedir cuentas a diputados del sexenio de Fox y de Calderón, funcionarios y toda esa gente que, confabulada, sangraron al erario público haciendo millonarias a unas cuantas familias.
Nada más deshonesto que lo anterior, pero lo grave es que siguen las tonterías presentándose en el país.
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