La salud, ante todo

Los ciudadanos tenemos muchas necesidades, sin embargo, hay algunas que deben ser atendidas con prioridades más especiales: la salud es quizá la más importante, porque de ella emanan todas las demás.
Preocupa a los gobernantes de todo nivel –municipal, estatal y federal- el que tengamos una cobertura completa; las necesidades son realmente grandes en una población castigada por la crisis económica que ha orillado a millones de personas en el país a recurrir a los servicios públicos de salud, es decir, los del gobierno, en este caso, el del estado, que tiene que ver con la consulta de primer nivel y atención de segundo y tercero en hospitales públicos, clínicas y centros de salud.
Hace años, muchos ciudadanos recurrían a la medicina privada por costumbre o porque pensaban que era lo mejor para su familia; hoy en día, cientos de ellos acuden a los servicios de salud del Estado, lo que hace que haya una demanda mayor a la cobertura que se puede hacer.
Como ejemplo, vemos la cantidad de endocrinólogos que hay en la ciudad y la demanda de consulta: somos cientos –miles- de personas con diabetes que tenemos necesidad de ser objeto de consulta y control de la que es la primera causa de muerte en el país.
Humanamente no es posible atender a todos los que necesitamos, y cuando nos dan citas muy alejadas a la fecha que estamos viviendo, nos enojamos y pensamos que no se tiene la capacidad para atendernos.
Hay médicos con una gran calidad en nuestras instituciones, y eso lo sabemos prácticamente todos. Los doctores de medicina general y especialidades son tan buenos como cualquiera, solo que tienen que ver en un turno hasta veinte pacientes, lo que orilla a verlos de una manera que para muchos no es la idónea.
El seguro popular, según hemos visto en noticias nacionales, ha limitado su cobertura y faltan algunas medicinas y estudios que no tienen forma de atención. Todo lo anterior tiene mucho que ver con el que pensemos que no se tiene la cobertura requerida.
Quienes vivimos con diabetes sabemos de los cuidados que hay que tener, sin embargo, sabemos que somos un poco –o mucho- testarudos y no atendemos las indicaciones de los que nos atienden.
No es culpa del médico el tener niveles elevados de glucosa o padecer las complicaciones propias de la diabetes: éstas surgen cuando hay un mal cuidado y control por espacios de tiempo prolongados, y somos afectos a culpar a las instituciones.
¿Con qué cara exigimos si no atendemos lo que nos dicen?
Es un asunto que tenemos que reflexionar, porque falta, vaya que falta conciencia en este sentido.
Recordemos algo muy importante: cuando no llevamos buen control, los padecimientos no los tienen los doctores, sino que los vivimos y padecemos los pacientes, los enfermos, lo que luego estamos criticando la falta de atención oportuna.
Por la densidad poblacional que tenemos hoy en día, simplemente NO es posible atender a toda la gente que lo requiere con la oportunidad idónea, y es porque muchos llegamos con complicaciones propias de una mala atención personal.
Las pastillas no son mágicas: requieren disciplina, apego al tratamiento y apego a las indicaciones del médico; de otra forma, imposible se torna el tener una buena calidad de vida.
Es necesario dejar de criticar a las instituciones y poner lo que nos toca de parte en la responsabilidad de contar con una población sana, que no tenga problemas de salud, que vida mejor.
Si no lo hacemos, en la parte que nos toca, por favor, no critiquemos: primero lo que nos toca, antes de criticar lo que otros tienen que hacer.
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