Sortea el peligro para lograr su sueño

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Nuevo Laredo, Tamaulipas.-El 16 de abril Jorge Abisaí salió de Honduras en busca del sueño que cientos de hondureños residentes de Pinalejo, una pequeña comunidad ubicada a 52 kilómetros de San Pedro Sula, en la costa atlántica, acarician debido a la extrema pobreza en que se vive, derivada de la falta de fuentes de empleo.

Tiene 30 años, tres hijos y una angustiada esposa que espera su pronto retorno, aunque el viaje hasta esta frontera estuvo lleno de angustia, de zozobra y de temor, debido a los constantes asaltos y asesinatos de migrantes de los que fue testigo durante su penoso viaje.

“Tarde doce días para llegar a México (Chiapas), peri cuando hay problemas se tarda mucho más, como en esta ocasión, porque me pegaron una corretiza los delincuentes, apenas había entrado a México en La Ceiba”, explica con tranquilidad.

Era acompañado por otros cuatro paisanos suyos, y solo el escapó debido a que su buena condición física le permitió correr durante un par de horas hasta que se perdió entre la selva y llegó a Tenosique, en Tabasco, luego de casi dos días, a veces con ayuda y otras caminando.

“Durante ese tiempo no compi nada por el miedo que tenía de que me fueran a alcanzar. Solo tomaba agua y volvía a correr, hasta que llegué a Tenosique para agarra el tren (La Bestia)”, menciona.

En una estación de aquella ciudad, narra Abisaí, había al menos mil centroamericanos que por igual esperaban el tren carguero que los acercaría a sus destinos en Estados Unidos; y todos treparon al tren con los consabidos riesgos para sus vidas.

Tierra de nadie

Narra que de vez en cuando y de manera extraña, el tren para su marcha en medio de la nada y por las noches, lo que es aprovechado por los delincuentes para asaltarlos, golpearlos e incluso, hasta asesinarlos cuando se niegan a entregar sus pertenencias o el escaso dinero que llevan consigo.

“A veces se suben con nosotros, como si fueran migrantes, y no nos damos cuenta hasta que sacan sus armas, y cuando el tren se detiene nos bajan a golpes y a mentadas, y nos ponen en el suelo boca abajo. Son los maleantes que llegan armados”, explica.

Menciona que en una de tantas paradas, cuando el tren detuvo su marcha, los delincuentes sacan sus armas y asesinan a quienes se niegan a darles su dinero.

“Ya he visto como lo hacen, y en Chontalpa, Tabasco, vi como mataron a once migrantes con sus armas. Fue algo terrible al no saber si también te matarán, el miedo te invade y no sabes qué hacer porque no hay manera de hacer nada”, explica.

No es la primera vez

Para este hondureño no es la primera vez que viaja a esta frontera. Ya lo ha hecho en otras dos ocasiones, y en ambas su sueño fue frustrado por agentes de migración norteamericanos, quienes lo detuvieron cerca de ña frontera, y lo deportaron a México, no a su país.

Pretende cruzar de nueva cuenta el río Bravo, aunque debe esperar más tiempo ya que su caudal está crecido debido al trasvase de la Presa La Amistad, y por las lluvias que han caído y aumentaron la corriente.

“Confío que en esta ocasión la suerte y Dios me ayuden a cruzar bien y llegar a mi destino (Florida), en donde tengo algunos amigos que me ayudarán a conseguir un trabajo”, señala con optimismo, al conocer bien las rutas de cruce.

Dice que la fortaleza se la dan sus tres hijos pequeños que dejó en Pinalejo, una pequeña comunidad rural que pertenece al municipio de Quimistán, del Departamento de Santa Bárbara, en donde la naturaleza lo dotó de cristalinos ríos y verdes campos aptos para la agricultura, pero no hay trabajo.

Cuenta con 50 mil habitantes que viven de la agricultura y las artesanías, pero a pesar de es una región con muchos atractivos naturales, no hay turismo y el comercio es poco, por lo que Abisaí decidió abandonar su comunidad.

Mientras llega la oportunidad, espera en la Casa del Migrante de esta ciudad, al lado de otros migrantes de su país, Guatemala, El Salvador y de otros países de la región.

El Instituto Nacional de Estadística de Honduras refiere que en los últimos años han salido de ese país varios miles de personas con destino hacia Estados Unidos.

Hasta el año 2010, el 85 por ciento de los hondureños que cruzaron la frontera, lograron establecerse en esa nación, pero de ese porcentaje, 38 por ciento fueron mujeres con edades de 20 a 35 años.

Honduras es el país centroamericano que más migrantes expulsa, con un total de mil 867, de 5 mil 303 migrantes de todas las nacionalidades que el año pasado fueron atendidos en la casa del Migrante.