¿Qué llevamos dentro?

Los seres humanos somos muy especiales: no sabemos qué tipo de reacción tendremos ante muchas de las circunstancias que tenemos a lo largo de nuestra existencia, sin embargo, a pesar de que no tenemos idea de la forma en que vamos a reaccionar, somos muy especiales y “buenos” para criticar lo que hacen los demás.
Siempre criticamos todo lo que se mueve contra el viento que nos favorece, pensando que todos están mal menos nosotros, porque, si es en deporte, los que tienen afición por otro equipo están mal, ya que no son aficionados al nuestro; en la política, cuando chocamos en ideologías, tenemos la idea de que ellos son los que están mal: claro ejemplo fue el vivir aquel acontecimiento del “Yo soy 132” y que ocasionó la ruptura de relaciones con varios amigos que, pensaron, somos todos unos p… menos ellos, porque no estuvimos de acuerdo en el movimiento que, al final, tenemos idea de que fue manipulado y vendido.
En aspectos personales, no sabemos –y nunca lo sabremos- qué tiene cada uno de nosotros dentro de su mente: sus preocupaciones, temores y más. El claro ejemplo lo vivimos en carne propia durante estos últimos meses, cuando la angustia de no poder visualizar nada adecuadamente, o no poder caminar; el miedo a no poder volver a escribir o hacer lo que nos gusta nos invadió a grado tal que la depresión nos hizo pensar muchas cosas no muy buenas que digamos.
“Echale ganas” decían algunos, sin pensar siquiera lo difícil que es vivir este tipo de situaciones.
En este caso, no tenemos la más remota idea de lo que acontece en la mente de los que nos rodean: si no entendemos muchas veces lo propio, es más difícil hacerlo con lo de los demás.
Esta mañana una noticia nos sacudió desde el fondo de nuestro ser, nos dejó helados, pensativos y muy tristes: un muy buen amigo, como dijo Aníbal Martínez, decidió adelantar su partida a ese sitio donde seguramente nos encontraremos todos.
En estos casos, somos duros parra juzgar a quienes toman decisiones radicales: vienen a la mente grandes personas que han tenido relación con nuestra existencia, y que han tomado decisiones de esta naturaleza. No es la primera vez que vivimos este sentimiento impotente de tristeza y depresión.
Un buen amigo lo hizo nuevamente y ha decidido lo que pensamos muchos, era lo mejor, y otros, no era ni en lo más mínimo una buena actitud.
No tenemos la calidad para juzgar, ni para emitir opiniones al respecto. Nadie sabe lo que tiene dentro de su alma, y por esa razón no podemos decir qué tan bueno o malo es el hecho que hemos vivido no de cerca, pero sí dentro de nuestros sentimientos.
Un gran ser humano, un buen hombre, un amigo serio y franco.
¿Qué pensar en estos casos? Nada: no tenemos derecho a juzgar a los que nos rodean de la manera en que haya quien lo haga: nuestros amigos siempre tendrán un lugar especial en el corazón y nuestra mente, y sus decisiones, por equivocadas que sean o no, son tan respetables como la mejor de las nuestras o de los que amamos.
Duele, y mucho, saber de la partida de hombres con un promisorio futuro, con una gran calidad humana, con sentimientos especiales, y sobre todo, que se brindaron a la amistad como un tributo único que hemos tratado de cosechar durante nuestra existencia.
Ha partido un buen amigo, y eso, como decimos, duele y mucho.
No queremos saber qué sucedió pero tenemos muchas cosas que dan vueltas en la cabeza, porque a veces no queremos comprender lo que sucede, no queremos entender que ha sucedido y la forma en que se lleva a cabo.
Sabemos algo muy cierto: no estará ya con nosotros, tuvo razones de peso para que sucediera lo que este lunes nos conmovió, y son motivo de respeto…y una buena oración por su eterno descanso.
Amigo Ramiro, duele tu partida. Donde estés: que estés en paz.
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