Sor Magdalena

Desesperada, es la palabra que a ella le acomoda a la perfección.
Gozó del poder, del dinero y de la admiración, pero también, del repudio, cuando tuvo en sus manos los hilos que movieron como títere al sector empresarial, a los trabajadores y a los pobladores del puerto tamaulipeco de Tampico.
Hoy se le ve deambulando por las calles de ese paradisiaco lugar triste, desanimada, desaliñada y seguido encamina sus pasos hacia una iglesia que se ubica en la zona centro de Tampico para orar y para recibir los consejos que ahorita tanto necesita.
Ya no es aquella mujer que portaba ese gesto adusto que muchos odiaban, no, ahora ha sufrido una metamorfosis y se desgasta en saludos y en reverencias hacia quienes se cruzan en su camino y que la miran con curiosidad, con extrañeza.
De hecho, hay quienes hasta notan en su rostro una evidente amargura y se comenta a su espalda que eso es producto de promesas que recibió y que no se han cumplido, por ello acude con frecuencia a esa iglesia a curar sus penas.
Ella, puede ser, que en ese lugar encuentre el refugio que tanto anhela, pero hay también quien dice que lo que busca es tirar el último anzuelo para pescar chamba, luego de que las promesas que recibió desde que dejo la presidencia municipal de Tampico se escurrieron como agua entre los dedos.
Y es que ella, como alcaldesa que fue, apoyó y, bien, a ese recinto religioso que al parecer tiene que ver con los mal recordados Legionarios de Cristo, con cuyo representante principal sigue manteniendo una excelente amistad que data ya de hace mucho tiempo.
Y ni modo, cualquier tablita es buena para aferrarse cuando se naufraga en el inmenso mar, por eso ella, se dice allá en el puerto, busca que ese sacerdote la aconseje, la abrigue y que la conecte con las más altas autoridades de México, por ejemplo con las de la Secretaria de Gobernación, para lograr acomodo en el gobierno de Tamaulipas, de perdido.
Se nota, a mil metros de distancia, que ella atraviesa por una mala racha y, cómo no, si lo único que se le ofreció a cambio de sus servicios cuando la jugo chueca en el pasado proceso electoral, fue una dirección regional en la Secretaria de Educación, la que definitivamente rechazó.
Por supuesto que eso es muy poco y atentaba contra su soberbia, más aun cuando se le mencionó como subsecretaria de educación en Tamaulipas, puesto que obra en poder de Jorge Guadalupe López Tijerina, quien a base de trabajo, de seriedad y de un carisma que desintegra la agria actitud del profesor más belicoso, ha logrado mantener el orden y el respeto que merece la dependencia que mueve a la educación en esta entidad.
Todo eso se impuso para que Jorge Guadalupe siga firme, porque los resultados, como el tamaño, también, si importan.
Es tanta la mala suerte, de ella, que su hermana, que es regidora en Tampico, se siente discriminada, por eso se dice que no puede ver ni en pintura a las autoridades del ayuntamiento, cuando en realidad todo parece indicar que la línea que se sigue para desintegrar a ella y a sus familiares, apunta desde Ciudad Victoria.
Para rematar, de ella ya ni se acuerdan sus veteranas amigas copetonas de aquel antiguo y famoso grupo panista denominado “Mujeres y Punto” en el que la trataban como el patito feo y del que formaban parte las señoras del rancio abolengo del puerto jaibo, entre ellas Carmen Bolado del Real y Luz Irene Alzaga Madaria, de quien nunca igualó la sabrosa cualidad de bailar danzón en un cuadrito, sin salirse, en el casino de Tampico.
Ella, vive ya solo de buenos recuerdos, por eso entre quienes no la quieren le gastan bromas a su espalda y comentan que la única opción que tiene al alcance hoy es refugiarse en el, noviciado.
Animo, Doña Magdalena Peraza Guerra.
Que un momento de mala suerte en la vida.
Todos, lo tenemos.