Por ley o por convicción, pero el caso es que los asuntos de protección civil son ahora pan de todos los días… y todas las mesas.
Sucede como cuando habla uno a cualquier línea telefónica de un banco y nos asestan el famoso aviso de privacidad, los menús y todas las cosas, con la diferencia que lo que hacen en las bancas no sirve para nada, sino para perder tiempo, porque, finalmente, una máquina no piensa ni resuelve, y los jóvenes pomposamente llamados “ejecutivos” no saben resolver siquiera si cuelgan o no.
En casos de protección civil hay ordenamientos que deben atenderse, y es porque necesitamos estar más seguros a donde quiera que vayamos. Protección Civil no es únicamente inundaciones y temblores o terremotos: va más allá de estos menesteres, y así lo hemos de ver.
Durante la celebración del concurso estatal de porristas y grupos de animación de la Universidad Autónoma de Tamaulipas que se llevó a cabo en el gimnasio Multidisciplinario Victoria, antes de iniciar la ceremonia nos dieron mensajes de protección referentes a aspectos prioritarios: puertas de emergencia, salidas y algunas cosas más.
Hacía falta que se legislara para atender nuestra seguridad, y la UAT es una de las instituciones que ha hecho caso preciso y exacto a la ley sobre el tema: hoy, en todos los actos universitarios se dan los avisos conducentes.
En lo personal, suponemos que es una de las medidas más congruentes, sobre todo, cuando surge de la máxima casa de estudios, donde, presumiblemente está la comunidad que tiene un acceso a más educación, es decir, la menos analfabeta, la más congruente, o la que debiera serlo.
Nunca faltará un individuo carente de conciencia y cerebro que actúe contra todo esto, e inclusive arranque las regaderas de los vestidores o se robe señales de prevención, porque de que los hay los hay… el problema es que no se les castiga.
Sin embargo, las medidas básicas de protección civil están plasmadas en documentos que la UAT ha creado a través de sus comités correspondientes, que los hay en todas las escuelas, unidades y facultades, así como en oficinas y centros universitarios de la entidad.
El rector Enrique Etienne Pérez Del Río ha consolidado el trabajo iniciado hace unos años, y está dando forma a las directrices que en ese sentido crecen a diario, y tratan de que tomemos conciencia de las medidas básicas que garanticen que no tendremos un accidente.
No es todo lo que hay que hacer, y eso lo tenemos más que claro.
Dicen los encargados de estos programas que se batalla con personas que piensan que viven en la UAT de antaño: inclusive directores de instituciones que actúan con prepotencia y soberbia violando reglamentos básicos, pero en la gran mayoría se ha cambiado y eso hay que aplaudirlo, porque la Universidad es de todos y todos debemos hacer por cambiarla.
Chalecos fluorescentes nos recuerdan que hay que tener cuidado, atender los señalamientos, las indicaciones del personal y las zonas para discapacitados, para emergencias y para otras cosas. Aunque somos enemigos que los directores de Unidades Académicas tengan sus lugares “exclusivos” frente a la puerta de la escuela, donde hasta 3 vehículos tienen para estacionar. Nos parece arbitrario, prepotente y poco inteligente, pero se ve en el CU Victoria.
Es tiempo de cambio en la UAT y así lo ha dicho Etienne: es tiempo de que nos pongamos a trabajar y a tratar de entregar lo que nos corresponde a la sociedad para mejorar, para que nuestro nivel de vida pueda ser mejor cada jornada. Ya la época del porrismo quedó atrás; los tiempos en que llegaban en contingentes de 20 o 30 “colaboradores” que solo vivían del presupuesto quedaron atrás.
Hoy, la UAT pide cambios y la sociedad los demanda. Bienvenido el programa de protección civil universitaria. Que sea para bien.
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