Investigar: sí, pero con razones de peso

Muchos nos dedicamos al paso del tiempo a hacer investigación; la idea es que surjan propuestas para mejorar en la sociedad en que vivimos y que urge ce cambios radicales. La investigación cuesta, aunque muchas veces las instancias oficiales no tienen forma de solventar esta erogación que, en diversas ocasiones, corre por cuenta del propio investigador que tiene deseos de hacerla, y en otras, de salir a otras fronteras a conocer y hacer algo distinto.
Se critican mucho las estancias en el extranjero, sin embargo, de ellas surgen propuestas interesantes que, de llevarse a cabo, podrían significar algo más que una publicación o una ponencia en algún congreso.
Cierto, se critica mucho a los que viajamos a estudiar, porque aseguran que nos vamos de paseo, sin embargo, todo se justifica cuando alguien viaja y regresa con algún producto, sea publicación, capítulo de libro, ponencia o algo por el estilo. Insistimos en que la parte que sigue es la de poner en práctica el producto de esa investigación.
Pero, ¿Qué sucede cuando no existen los apoyos necesarios? La gente se cansa de tocar puertas para pedir con qué trabajar; no debería existir este asunto, pero la verdad es que uno tiene que llegar a todas partes en busca del billete aéreo, de la ayuda para hospedaje o para viáticos. En México no se tienen los mecanismos idóneos para fomentar este tipo de apoyos, o los que existen son demasiado cuadrados, con una burocracia que propicia que, cuando el recurso surge, ya el vuelo cuesta casi el doble.
¿No sabrán esto quienes presupuestan los apoyos?
Hay gente que “patrocina” a las instituciones, pagando sus costes de transporte aéreo y demás, y cuando el recurso llega, reponen en sus cuentas de crédito o débito. Los jóvenes estudiantes no tienen esa posibilidad: están sujetos a los créditos o apoyo de sus padres, y algunos se han quedado a la orilla porque no alcanza lo que se tiene previsto para sus estancias en el extranjero, lo que nos parece lo más injusto del planeta.
En ese sentido, tenemos la idea de que debieran existir medios para agilizar un dinero que ya está presupuestado –al menos, oficialmente- desde principios de año, y que muchas veces tiene origen federal, estatal o propio. Los dineros deben emplearse de la mejor manera posible.
Haga el ejercicio de ingresar a una página web de alguna agencia de viajes y trate de comprar un billete aéreo: busque fechas y verá que mientras más se tarde en hacer el trámite, más caro saldrá y, cuando se trata de apoyos oficiales, por consiguiente, éste se verá mermado sustancialmente.
Y es cuando, tristemente, uno tiene que buscar la firma de tal o cual persona que puede agilizar los trámites. Viajar sin dinero no es positivo en ningún aspecto, y menos cuando se trata de hacer estancias de investigación, académicas o de estudios.
Los muchachos se quieren ir para vivir esa experiencia, y al parecer, les estamos cortando las alas. Eso no se vale en ninguna parte del mundo.
Queremos que crezcan académicamente, y nada vale cuando no pueden cristalizar su proyecto que, seguramente, les motivará más adelante a seguir el camino de la investigación, tan pobre en nuestro país y que está creciendo en Tamaulipas, gracias a la proliferación de investigadores, doctores y más, que se han incorporado a la planta productiva –docente e investigadora- de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Los proyectos de investigación han tenido un cambio radical en la UAT en los últimos diez o doce años: se han incrementado en forma muy importante, y suponemos que es una de las prioridades de la Universidad, cuya misión es formar recursos humanos capacitados en las áreas de estudio y propiciar la investigación como posible alternativa de solución a los problemas de la sociedad a la que se debe.
Qué bueno que la UAT apoya estos proyectos de investigación. Ojalá se puedan multiplicar estos recursos, en bien de la misma casa de estudios, del estado y de México en general.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

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