Los últimos días de escuela

Los que somos padres sabemos de lo que hablamos: los últimos días de clases de nuestros hijos se tornan difíciles, ásperos…

Las autoridades educativas han marcado un calendario que ha de cumplirse a como dé lugar: 200 días de clase son los que marca la obligatoriedad de estar en la escuela, en el salón, y cumplir con las tareas necesarias, aunque muchas veces éstos –los días- no son bien aprovechados.

La primera inconsistencia es la que se presenta cuando hay días feriados, o cuando los profesores tienen sus reuniones y demás: se falta mucho en el curso escolar, y en otros casos, se tiene una idea equivocada de los días de clase: importa más la cantidad que la calidad al parecer.

Hay instancias educativas que no requieren de 200 días para cumplir con un programa académico establecido, y en ese sentido, hay mucho qué hacer. Los chicos se aburren en los últimos días. Recordamos los cierres de período en la Universidad, cuando los muchachos ya piden no ir a clases porque ya están cansados o por otras circunstancias: el tiempo en la escuela llega a cansar, y en ese sentido, debiéramos ser flexibles en cuanto a tiempo, mas no por calidad o contenidos.

Es importante poder lograr que los muchachos tengan el conocimiento necesario, porque, finalmente, a eso van a la escuela. Los cursos deben atenderse, cumplirse y aprovecharse, así de claro.

En las escuelas de nivel secundaria o preparatoria hay momentos en que los muchachos lo único que hacen es cumplir con actividades fuera del programa escolar: en ese sentido, habría que determinar si vale la pena que estén en los salones, porque no se aprovecha lo que debería aprovecharse.

En el caso de las escuelas de tiempo completo, cambian las cosas: inicialmente se pretendía que los chicos cumplieran con el nuevo horario con actividades complementarias que les permitieran inclusive cumplir con sus tareas cotidianas. No es así en la mayoría de las situaciones, porque los profesores han olvidado que los muchachos están más horas en la escuela, y aún así, encargan tareas para casa, provocando que haya ausentismos en actividades complementarias tales como clases de alguna disciplina artística, la práctica de algún deporte o el reforzamiento de sus clases y programas académicos.

Suponemos que debería atenderse este asunto con inteligencia y se busquen opciones para que los estudiantes sepan aprovechar al máximo su tiempo, dentro y fuera de las instituciones, porque finalmente, nadie tiene derecho a jugar con el tiempo de los demás: el tiempo de todos debe ser tan valioso como el nuestro y así lo debemos entender y practicar.

Sin embargo, hay que pensar en que los días de clase se aprovechen de la mejor manera posible, y en ese sentido, tratar de que los jóvenes y niños tengan la instrucción necesaria, inclusive, pensando un poco en prepararles para que durante sus vacaciones puedan tener el descanso necesario.

Olvidarse de dejar tareas para los días de asueto, porque eso resulta fundamental.

En todos los niveles se debe hacer una evaluación sobre el curso que concluye para que, en un afán de mejorar en todos sentidos, haya adecuaciones a los programas de acuerdo a las necesidades de cada estudiante y del grupo en conjunto.

Ya los directores harán los ajustes para que, saliendo de clases haya una mejora sustancial en sus programas, y de la misma manera, se pueda asegurar el patrimonio de las instituciones educativas, porque es típico que haya inconvenientes relacionados con la falta de seguridad. Hay que garantizar que cuando se vuelva a clases no se lleven sorpresas desagradables.

Hay que prepararnos para lo que viene, que es muy importante, sin lugar a dudas.

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