Ni siquiera hay datos certeros, más que vaguedades numéricas para ubicar el negocio de trata de personas y tráfico de niños como el tercer fenómeno delincuencial que más dinero moviliza en el ámbito global.
Pese a los esfuerzos de UNICEF por que los países transparenten las cifras de los casos de niños robados y desaparecidos en sus respectivos terruños, los datos anuales –insisto-, son una pequeña flama en medio del infierno.
Con tanta tecnología y avances en materia de comunicación parece ilógico que la aldea global sea cada vez más vulnerable y no todo lo contrario; precisamente son los infantes, su seguridad física e integridad, quienes mayor riesgo corren.
A nadie parece interesarle mucho, al menos no como debiera por el lado de las autoridades, gobernantes y legisladores con capacidad para cambiar las leyes y poner al alcance de la ciudadanía una serie de políticas e instrumentos que les proporcionen la protección merecida, en un tema socialmente álgido, moralmente deleznable y jurídicamente imposible de dejar sin el castigo que merece.
La UNICEF ubica a este fenómeno en el tercer orden de relevancia como actividad delincuencial con la contraparte de un botín de miles de millones de dólares.
Para el organismo internacional el mercado de las armas, la industria de las drogas y el tráfico de niños y personas son los tres motores de un negocio mundial en el que se mueven mafias, grupúsculos de personas concatenadas con la corrupción de autoridades locales y agentes aduanales internacionales.
No podría entenderse de otra forma: el mismo modus operandi utilizado para proveer de paquetes de droga y armas sirve de canal para trasladar a personas y niños como una mercancía más.
Lo que es indignante es la miopía de las autoridades, su inacción y la artritis institucional. Hasta cuándo, señor presidente Enrique Peña Nieto, blindará México sus fronteras, la norte y sur; y en un dejo de dignidad y corresponsabilidad solicitará visado a todo aquel estadounidense que desee internarse en territorio mexicano. ¿Hasta cuándo, el río Suchiate dejará de ser la coladera de Centroamérica?
Habrá que hacerlo tarde o temprano. El tráfico de personas y niños en México es alarmante además hay que sumarle también el drama de los menores centroamericanos emigrantes internados en territorio mexicano usándolo de puente de traslado hacia un periplo que sabrá dios cuántos casos oscuros y horribles no esconderá.
Se presupone todo: subasta de vírgenes, niños esclavos, menores usados en guerras, infantes explotados en empresas, industrias y minas; otros atrapados en prostíbulos o en la sordidez del tráfico de órganos.
Los datos –someros e imprecisos-, son escalofriantes: la Fundación Nacional de Investigaciones de Niños Robados y Desaparecidos insiste que en México hay al menos 45 mil niños desaparecidos.
Dicha fundación lleva una década solicitando a los respectivos representantes del gobierno y legisladores, la creación de un centro nacional especializado para la búsqueda de niños robados.
Digamos que, de alguna forma, en lo que se ha avanzado es en implementar la llamada Alerta Amber, un sistema de notificación transmitido por diversos medios como televisión, radio, sms, correo electrónico, pantallas electrónicas; etc.
Y es que las primeras horas en el robo de un menor son torales. Las redes sociales cada vez juegan un papel mayúsculo, el Facebook como herramienta masiva en la difusión de la foto del infante.
Empero, no basta. Como sociedad tenemos que exigir una mayor protección, máxime cuando cada vez suceden más casos de niños arrebatados de los brazos de sus madres o abuelas por el simple hecho de caminar con ellos en la calle.
A COLACIÓN
En España, el año pasado, la Guardia Civil y la Policía Nacional recibieron 13 mil 050 denuncias de desaparición de menores; en lo que va de 2014, han sido reportados 7 mil 117 nuevos casos.
La mayoría, según se explica, son fugas premeditadas de casa, no obstante las autoridades trabajan en 667 casos de niños robados en distintas circunstancias.
Hace unos días, el Ministerio del Interior presentó un protocolo de actuación denominado “!Alerta menor desaparecido!” con el objetivo de coadyuvar en la búsqueda de los niños sustraídos o fugados de casa.
“Este nuevo método de actuación hace un llamamiento para implicar de forma directa a la población a través de alertas difundidas por los medios de comunicación y los organismos implicados en el convenio.”
En lo personal yo creo que cualquier esfuerzo en pro de la protección de un menor, su vida e integridad física, es poco y mientras sigan sucediendo hechos tan dolorosos, será necesaria otra estrategia.