En un grave estado de indefensión nos encontramos quienes tenemos necesidad de los servicios bancarios, más, cuando las nuevas leyes fiscales nos obligan a tener cuentas al menos en una de éstas, que se han caracterizado históricamente por su agio, su usura, su forma desleal de conducirse ante quienes les hacen ricos.
El ejemplo es la banca que más publicidad hace hoy en día en sectores fundamentales: Santander tiene programas y proyectos que, aparentemente tienen muchísimo que ver con el beneficio a la sociedad. No es así, tristemente.
Su plan denominado “autocompara” es una verdadera trampa para el usuario: usted busca – ye encuentra- verdaderas gangas en cuanto a precios de seguros automotrices, pero lo más importante es que le permite comparar en una sola página los precios y compañías. No tiene que andar de una a otra, y en un click sabe qué deberá comprar.
El “pero” es que cuando concluye el término del seguro y el pago correspondiente le renuevan en forma automática sin mediar comunicado alguno, lo que es ilegal según las leyes vigentes en México y que por cierto, no se respetan. Si usted se da cuenta inmediatamente del primer cargo del segundo período se lo cancelan cobrando una “penalidad” –así llaman al robo en despoblado- que oscila entre el 10 y 15 por ciento del total de la póliza.
Eso es en seguros. Pero en tarjetas de crédito…
Y cuando usted tiene la desgracia de que alguien utilice sus datos bancarios para compras, físicas o en línea, hace la reclamación y muy pronto le bonifican el importe del cargo en disputa, con la salvedad de que, si usted incurrió en falsedad de información, le responderán y quitarán de nuevo su dinero.
Sucede que siempre tienen la razón y dicen que usted hizo la compra en línea. Nada hay que garantice lo anterior ni lo confirme o corrobore. Ellos siempre tienen la razón y le quitan su dinero cuantas veces sea necesario.
Así se las gasta Santander en México. En otros países son menos abusivos, son éticos hasta ciertas cosas y puntos de vista, pero al menos no nos quitan el dinero con la mano en la cintura, sabedores que la autoridad no hará mucho, ya que argumentan que el negocio contó con todos los datos de su plástico, es decir, número de cuenta, vigencia y número de seguridad. Eso dicen ellos, aunque nada hay que compruebe lo anterior.
Hemos seguido desde el mes de abril, conforme marcan las indicaciones del banco, una queja que no ha prosperado y que hoy en día nos han vuelto a hacer el cargo ilegal, porque dicen que la tienda ha demostrado que hicimos una compra que nunca hicimos.
El asunto es lo de siempre: la banca se quiere salir con al suya. Ya en otra ocasión, hace años, otro banco quiso hacer algo similar, e inclusive los abogados de éste estaban confabulados con autoridades de CONDUSEF de Tampico, pero hasta que se dio a conocer el asunto en medios nacionales tomó el banco cartas en el asunto.
Lo anterior nos pone de manifiesto que no buscan atender los ordenamientos de ley, sino los escándalos mediáticos.
Tenemos mucho coraje porque usted no puede hablar con funcionario bancario alguno: solo robots y opciones de teléfono, y cuando una persona al fin contesta le dice que no tiene capacidad de resolver.
Es la triste realidad de la banca de hoy, y Santander se pinta solo para eso de manejo de opciones en sus llamadas a la mal conocida como “Super línea Santander”.
¿Quién defiende al usuario? La verdad, es que estamos totalmente desprotegidos ante la voracidad de la banca privada, y específicamente, de Santander que, a partir de las denuncias en medios comenzó a tomar represalias de diversa índole.
Ojalá las autoridades los pongan en su lugar, con lo que es, nada más ni nada menos, pues.
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