No importa lo que se pueda publicar de cualquier tema, institución, dependencia, organismo o persona: lo que realmente vale es el resultado de lo que hace y la forma en que la opinión pública lo recibe, porque, finalmente, si no hay una buena imagen, la labor de quien establece comunicación entre éstos y la comunidad resulta completamente nula.
En otras palabras: no es tan importante lo que se cree que hace o manda publicar cuando no tiene repercusión en la sociedad.
Es como si viéramos información “oficial” de casos como los que nos indignan y ocupan a diario y que tienen que ver con alza de la gasolina, desempleo o algún problema social. Cierto es que a nadie de los que manejamos nos gusta que nos suban el precio del combustible cada mes, y es una noticia bastante desagradable que recibimos mensualmente, sin embargo, los medios cumplen con avisarnos; ya las dependencias involucradas sabrán que hacen con la opinión desfavorable que reciben.
Un político o funcionario vale por lo que hace y lo que refleja: si no es capaz de gestionar beneficios y darlos a conocer, no tendrá una buena imagen y es probable que en las próximas oportunidades no pueda tener el impacto en votos que quisiera. No basta hacer las cosas, sino darlas conocer a través de los canales adecuados y con la gente idónea, sin menoscabo de hacer una arbitraria selección de los medios o formas de comunicación.
Hay gente que tiene muy buena intención para hacer las cosas y alguien de su equipo se empeña en que no salgan, por negligencia, maldad o una manifiesta falta de oficio, que tiene que ver con las dos anteriores. No se puede menospreciar a nadie dentro de las estrategias comunicativas: no es sano y tiene repercusiones que pueden lamentarse a través del tiempo.
En el caso de los institutos políticos, vemos, por ejemplo, que hay algunos que no tienen idea de lo que es una conferencia de prensa o la manera en que pueden emplear a los medios de comunicación para darse a conocer: o no les interesa o están muy abocados a sus amigos y costumbres.
No es nada prudente menospreciar a los que tienen ciertos “mercados informativos” cautivos y que no se quiere aprovechar; todo en una lucha política hace falta para sumar, que es la resultante de una buena campaña, así de claro.
Y hay quien piensa que es mejor la televisión o las redes sociales, la radio o la prensa escrita… todos los medios tienen su impacto en ciertos mercados: ni uno es más o menos importante: todos tienen su protagonismo muy bien ubicado.
Don Rafael seguramente tiene sus preferencias para enterarse de las cosas, sin embargo, no quiere decir necesariamente que sean los mejores conductos: son los que él le funcionan, con los que él se entera, pero a otras personas puede no interesar este procedimiento, y es muy válido lo que se piense al respecto.
Pero el hombre puede hacer una reflexión para saber si se está trabajando adecuadamente en torno suyo y no se están haciendo acciones que tendrán una repercusión poco positiva, ahora que vienen las elecciones del año venidero.
Es justo pensar que todo mundo tiene su lugar, y no se puede llegar a cambiar lo que ya está construido: se puede renovar, se puede negociar un cambio, pero no quitar de un golpe y plumazo, porque eso deja heridas difíciles de curar, que a veces, ni con el tiempo quedan bien.
Y cuando se decide hacer esos cambios, hay que tener la inteligencia necesaria para buscar argumentos de peso, que tengan impacto real y no demagógico: no se puede engañar a la gente con comentarios fuera de todo lugar, pensando que con una llamada telefónica se podrán arreglar los inconvenientes surgidos.
Ya estamos en otros tiempos, tenemos que pensar en las personas, darles su justo lugar, y no jugar ni con su dignidad, ni con su tiempo, ni con sus ilusiones y formalismos, porque eso es lo más bajo que se puede pensar.