Seguramente, el día que Ramiro Ramos Salinas decidió entrar en la política tuvo una motivación, emanada de las vivencias familiares; en su familia hubo muchos motivos para entender que la gente requiere de apoyos de quienes tienen forma de hacerlo.
Miles de tamaulipecos, diariamente, tienen problemas para pagar su despensa cotidiana, sus medicamentos o una prótesis, los libros de la escuela y muchas otras cosas más.
En lo personal hemos vivido estas necesidades y carencias: hay una frase que empleamos con algunos seres cercanos que tienen actitudes poco congruentes<. “tú nunca has sabido lo que es tener hambre”, les decimos, porque nada agradable resulta no poder cubrir siquiera el coste de una medicina o una intervención quirúrgica urgente.
Sin embargo, hay quienes tienen bien firme en sus pensamientos a ese grupo de marginados por la sociedad y por las condiciones injustas en que vive nuestro México querido.
¡Y todavía dicen que hay que analizar dentro de unos años los aspectos del salario mínimo!
Con el hoy diputado Ramiro hay un grupo de gente que ha visto las necesidades de los “sin recursos” muy de cerca: Adela Torres Grimaldo trabajó en el sistema DIF allá por los ochentas y se dio cuenta que hay gente que se debe ayudar, no por cuestiones políticas o publicitarias, sino por la solidaridad humana natural y básica.
Tiene, como Adela, mucha gente que está pendiente, y con la formación recibida hace años en casa, cuando les tocaba atender a los pobres neolaredenses y de la región, Ramiro aprendió a ser solidario, lo que se ve reflejado en algunas notas que hemos recogido durante este tiempo: el apoyo de útiles escolares o unos anteojos para quien cambia total y radicalmente su vida para saber qué forma tiene la bondad o la esperanzas, qué color tiene nuestro Tamaulipas o qué formas semejan el amor de los demás.
El poder entregarse a los demás no es común en muchos políticos. Hace cas un año tuvimos oportunidad de charlar largo y tendido con el diputado.
Cuando era dirigente del PRI también tuvimos el tiempo para conocerle aunque muy poco; fue cuando pudo dirigir el Congreso que supimos que es una persona con calidad humana.
Y hemos pensado mucho en lo que será Ramiro dentro de unos años.
Y como el diputado Ramos Salinas, hay otros legisladores que, aparte de cobrar y levantar el dedo o criticar por sistema lo quke hay, se han entregado a servir a la comunidad.
No alcanza ni su salario ni el presupuesto del Congreso para hacerlo, opero han sido solidarios con mucha gente, entre los que se puede contar a pequeños cuya vida nace con la idea de que hay quien siempre puede velar por ellos.
Alguien que vele por el sueño de los tamaulipecos y que tenga la idea de que todos necesitamos mejorar a través de distintas acciones que bien pueden ser emanadas de un gobierno, o de un Congreso, o simplemente, del bolsillo de quien ha recibido con generosidad los resultados de su trabajo cotidiano y ha decidido compartir con otros.
Es, sin lugar a dudas, una buena personas, o al menos así lo hemos etiquetado dentro de la gente que la vida nos da la oportunidad de conocer.
Ciertamente habrá quien piense cosas poco positivas y prudentes, pero a ciencia cierta, y con la idea de que es una opinión muy personal, podemos decir que éste es un buen hombre, o como se dice en el norte: “un buen pela’o”.
En la política sigue labrando un camino que seguramente tiene la meta que pensamos algunos, y que creemos, merece quien se entrega por los tamaulipecos.
Solo esperamos que no cambie sus postulados personales y familiares, y los siga poniendo al servicio de todos nosotros.
Comentarios: [email protected]