Los Arcos de Turín

Les contaba en la anterior entrega que en Pompeya funcionaban los famosos lupanares donde las ninfas aullaban como las lobas para llamar la atención de los marineros que acudían en tropel para atender sus necesidades básicas de afecto bajo estipendio; lo curioso es que aquellos prostíbulos funcionaban hace casi dos mil años cuando eran visitados por cientos de hombres de mar y tierra pero en la actualidad son el atractivo de miles de turistas que a diario llegan a conocer, ya restaurada, la legendaria ciudad enterrada por la lava del Vesubio.

El mismo día que visitamos los lupanares milenarios fuimos a Capri, isla célebre porque ahí tuvieron su residencia algunos de los césares romanos y más recientemente algunos ricos y famosos como Sofía Loren se construyeron en las colinas confortables residencias de descanso; se llega en transbordador desde Nápoles y se recorren los alrededores a bordo de una barca que nos llevó a paisajes de película; por cierto, en una de las bellas colinas se encuentra la casa donde vivió el Nobel chileno de literatura, Pablo Neruda, en uno de sus exilios.

Luego de broncearnos con el sol del sur de Italia, otra vez a Roma y un viaje largo hasta Turín (Torino para los italianos), donde conocimos la otra Italia, la industrial, la de las grandes construcciones con toques austriacos que nada le piden en belleza a las de Viena; dicen los lugareños que en Torino se cruzan las líneas mundiales del bien y del mal pero lo que más impresiona es su limpieza en las calles, la ausencia notable de policías uniformados y los bajos precios de sus bares y restaurantes a pesar de la capacidad adquisitiva de los lugareños.

Una de las cosas más llamativas de Turín son sus arcos que se extienden en 18 kilómetros de sus calles, es decir, caminas un buen rato por banquetas techadas pero no es un material cualquiera pues la mayoría de las arcadas son de costoso mármol que data de la época en que gobernaba la casa imperial de los Saboya, de origen francés; los Habsburgo de Austria se encargarían de construir los grandes palacios vieneses que adornan la ciudad y que albergan muchas de las oficinas gubernamentales aunque otros se han convertido en hoteles de lujo.

Queríamos seguir en Turín pero sólo teníamos dos semanas para el recorrido, así que cruzamos el Mont Blanc por el túnel de más de 11 kilómetros cruzando la frontera de Italia con Francia; curiosamente, cuando aún estábamos en territorio italiano, ya abundaban pequeños pueblos con nombres galos pues en Europa las fronteras se han modificado varias veces; pocos tiempo después llegamos a Ginebra, en Suiza donde fuimos recibidos por el gran lago con su inmenso chorro de agua; hicimos la visita obligada a la catedral protestante donde hay un museo dedicado a Martín Lutero; luego devoré un delicioso pollo con ensalada y papas fritas pagando doce euros con la propina incluida.

Luego de casi un día de viaje en autobús llegamos a París donde nos recibió el bullicio de sus calles, la torre mítica, los grandes museos al borde del Sena, el Hospital de Los Inválidos, el Jardín de las Tullerías, el Barrio Latino donde nos emocionamos al descubrir en una de sus callejuelas el restaurante Tampico que se anunciaba con especialidades de la cocina mexicana; al día siguiente la programada visita a Versalles donde los dio la bienvenida El Rey Sol a bordo de su caballo a cuyos pies decenas de argelinos y senegaleses ofrecen a los turistas relojes y todo tipo de objetos con imágenes emblemáticas de Francia.

Podría dedicar muchas cuartillas a París pero no quiero abusar más, así que contaré aquí nuestra llegada al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes donde asistimos a la multitudinaria procesión donde se reza el rosario en cinco idiomas pues la pequeña ciudad francesa ubicada en las faldas de Los Pirineos recibe diariamente a miles de peregrinos procedentes de todo el mundo; luego una cena restauradora para dormir bajo la protección de la Santa Bernardette (la campesina analfabeta a la que se le apareció la Virgen María) porque al día siguiente viajaríamos al Principado de Andorra.

Bajo la protección de Francia (el presidente galo es copríncipe) Andorra en uno de los principales paraísos fiscales del viejo mundo y ha logrado un equilibrio porque tiene su propio gobierno autónomo para los asuntos políticos terrenales pero en materia eclesiástica depende del Arzobispo de Catalunya (España); en su territorio se encuentran grandes centros comerciales donde se puede comprar casi sin pagar impuestos, además cuenta con algunas de las mejores pistas de montaña para esquiar durante el invierno; su idioma oficial es el catalán.

A reserva de continuar próximamente con mis apuntes de viaje, déjeme contarle que Alfonso Pérez Vázquez (yucateco de nacimiento y tamaulipeco por decisión) cumplió años y lo festejó acompañado por decenas de amigos; felicidades; por su parte, el papá del camarógrafo Francisco Mata sería sometido a cirugía; esperemos que todo salga bien; buena suerte. Correo: [email protected]