Dice Iola, con mucha razón , que una de las frases más incongruentes y que más coraje le da escuchar es la de “échale ganas” cuando uno está enfermo.
Asegura que nadie, absolutamente nadie sabe lo que es el dolor en una persona ajena, es decir, el dolo en los otros, y nadie sabe lo que le duele a uno una pierna, un brazo, la cabeza o lo que sea.
La gente tiende a minimizar el dolor de los demás y luego dicen que con tal o cual pastilla se quita y ya; nada más alejado de la realidad, por no decir falso.
Amanecer con un terrible –así lo sentimos- dolor de piernas en forma distinta –derecha, en el empeine, e izquierda en el tendón de Aquiles- no es nada agradable, menos, cuanto quieres ir siquiera al baño y no puedes apoyar el pie para avanzar. El dolor insoportable se asemeja al de alguna espina clavada en la planta del pie. En una palabra: terrible, por donde se le vea.
Y en domingo resulta peor: tus amigos los médicos están descansando y muchos no contestan el celular, porque tienen trabajo en hospitales o porque están con la familia. El caso es que tu dolor no amaina.
Tomas un relajante muscular y algún analgésico y no hacen efecto ante el volumen de dolor existentes.
Sinceramente, no tenía el columnista idea de que hubiera un dolor tan intenso en las extremidades; es casi comparable con aquella ocasión en que en el Hospital nos quisieron hacer una debridación casi sin anestesia.
El dolor es algo increíblemente insoportable, y hablamos del dolor físico únicamente. De ese que no nos deja levantarnos, o no nos deja acostarnos, que no nos deja mover las piernas o que , simplemente, no nos deja hacer nada.
“Háblale al doctor Javier Alanís, es el único que puede quitarte el dolor”, se sabe, y bueno, hay algunos fármacos que ayudan a disminuir ese sentimiento tan especial, pero cuando la receta del mejor anestesiólogo y director de la clínica del dolor no son suficientes, entonces sí hay que sentarse literalmente a a llorar.
Resulta difícil de creer que haya un volumen tan intenso de molestia física, a grado tal que no piensas en tener hambre u otra cosa siquiera.
Es el dolor algo a lo que el ser humano no está acostumbrado, pensamos, o al menos, no a ese dolor físico que viven a diario los que están en guerra, sujetos a la crueldad de los demás.
Permita el lector hacer la reflexión sobre el dolor, cuando hemos sido objeto de un “nada” que nos ocasiona insoportables momentos en los que ni la cama nos ayuda, por la magnitud de la molestia.
Y como dice Iola: ganas, ganas, le estamos poniendo; entusiasmo también: hemos hecho todo cuando sea posible por poder salir adelante, pero hay límites en todo lo ue vivimos, y este es uno de esos días en los que solamente pedimos que se quite tal molestia que es equiparable a la agonía de un condenado a muerte.
Si piensa que son exageraciones, tiene toda la razón para hacerlo, pero el volumen de dolor sentido nen este domingo simplemente es fuera de toda cosa que pueda considerarse natural.
El dolor corporal es tan especial que se empleaba –y se sigue haciendo- para arrancar confesiones.
En tanto, buscaremos la medicina adecuada; buscaremos al doctor Alanís para que nos sugiera qué hacer al menos para dormir y no sentir este impresionante dolor que, al parecer, venido de la nada, nos esta literalmente matando poco a poco.
Es así, un perfecto asesino, porque lentamente, mata la esperanza y la tranquilidad personal, afectando a los que nos rodean.
Solo queda algo: Dios: ayúdanos a perder este dolor, por lo que más quieras.