platicaba hace muchos meses David cuando estaba os viendo un juego de fútbol: “papá, a mí me daría mucha vergüenza llegar a la casa y que mi hijo me dijera que me vio en televisión tirado, revolcándome en la simulación de una falta”.
El comentario viene a colación porque somos responsables de lo que hacemos y lo que afecta a los nuestros: imagine el lector que un familiar nuestro se tire y pareciendo abatido a tiros se revuelque, haga gestos de un insoportable y único dolor y, cuando el árbitro saca la tarjeta amarilla, se levante como si nada.
Eso se llama engaño, fraude y es una pena para todos los que rodean al personaje. Igual sucede en la política o cualquiera otra actividad en la que interfiera el ser humano.
Hemos visto en las redes sociales al “muchachito” poblano que, en total estado de ebriedad insulta a los que están viendo y tomando nota del accidente de tránsito, y que emplea palabras altisonantes, destacando el que dice “¡hablen a mi papá, no saben con quien se meten!
Llega posteriormente un amigo y en algún vehículo se llevan al borracho impertinente, imprudente y prepotente. Hay placas y muchos datos que, esperamos, den con la identidad cel sujeto y lo hagan pagar conforme a la ley.
Imaginamos que en todos los estados están proliferando las “ladys” y los “mister” que presumen de ser hijos de tal o cual persona. Tamaulipas no está exento de estos casos, y hay cada espécimen que alardea que su padre, tío o familiar es determinado funcionario. Amenazan con cesar a los agentes de tránsito como primera instancia.
No faltan los “no sabes con quien te metes”, los gritos de “asalariados”, ”muertos de hambre” y más lindezas que profieren a las autoridades.
Lo grave no es que lo hagan sino que quede impune tal acción. Los padres, como suele ocurrir, no permiten -permitimos- que nuestros hijos tengan problemas legales y metemos las manos por ellos a veces, de forma imprudente, porque nos gana el amor filial: si dejáramos que se hagan cargo de sus cosas, serían otro tipo de muchachos.
Sería prudente que ese individuo sea capturado, y si su padre tiene una poca de vergüenza, debiera renunciar, porque ese tipo de acciones no son más que el reflejo de lo que enseñamos en casa: la prepotencia y el influyentísimo están a todo lo que da en nuestro México querido.
A la autoridad, amenazan con cesarlos y que pagarán por su “osadía” de haberlos detenido o algo similar; a los periodistas, con golpearlos o más, diciéndoles también el clásico “no sabes con quien te metes”, y así, su vida transcurre entre bravatas imprudentes.
Los de la esfera del poder debieran ser ejemplo para los demás. Un orgulloso y honroso ejemplo, valga la redundancia, fue don Jorge Cárdenas González (+), quien dio muestras de una cívica responsabilidad ciudadana ante su cargo o lo que fuera: primero era el ciudadano y luego lo demás.
Enoja y mucho ver las camionetas de soldados, marinos, policías o funcionarios atravesarse en forma imprudente y burda todos los días por nuestras calles. No se le ocurra circular cuando viene una camioneta blanca, blindada que transporta a un funcionario porque se le cierran, le echan encima la camioneta y lo quitan del camino.
¿Qué se creen?
Pero de los “juniors”, deberían castigarlos, y quien manda, en el nivel de autoridad que sea –federal, municipal o estatal-, debieran también imponer una sanción al abusivo que ha enseñado a sus hijos que tienen más derechos que los demás. Nada mas falso en el mundo.
Todos tenemos el mismo derecho, valemos igual, y esos juniors y payasos que alardean de tal o cual cargo, habrá que echarlos a la calle, porque no sirven para nada, y está más que comprobado.
No queremos de esos abusivos en redes sociales, menos en nuestro entorno político y social, por favor.
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