La pobreza los obliga a emigrar…y a bailar en las calles

Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Desde Zacatongo, en el Estado de México, un municipio muy cercano a Toluca, llegó Juan Vera, un hombre maduro y corpulento de 56 años, que obligado por la necesidad, la escases de trabajo y la quiebra del campo, tuvo que dejar a su familia para dedicarse a bailar con un traje típico azteca, en las principales avenidas de algunas ciudades fronterizas, como Nuevo Laredo.

Su penacho emplumado con vistosas plumas de faisán, avestruz, pavorreal y de otras aves exóticas, combina con un taparrabo verde atado con una banda roja con amarillo y negro, y unas sandalias de cuero y cascabeles atados a sus tobillos, lo que llama la atención de los automovilistas; algunos de ellos le dan unas monedas, pero otros lo miran con indiferencia y no le dan nada.

Un traje como el que viste es caro y más su elaboración, por eso es que muchos de ellos los compran ya hechos a un costo aproximado a los mil 700 pesos ya que hacerlo es más caro y puede tardar varias semanas.

Le baila a Huitzilopochtli, dios de la guerra

Juan llegó a la ciudad acompañado de tres adultos, pero él decidió salir desde temprano a buscar el sustento en algunas calles poco transitadas, con la idea de obtener más monedas por el baile que dice, dedica al dios Huitzilopochtli.

Sorteando los escasos automóviles que circulan por la avenida Obregón, Juan baila frenético mientras toca el tamborcillo y una pequeña flauta, para entonar una melodía prehispánica que evoca los tiempos de gloria del imperio azteca.

“Nadie nos obliga a venir, solo es la necesidad, porque no hay trabajo…está muy, pero muy jodido porque trabajaba del campo, pero se acabó y la tierra ya no produce mucho, además de que todo está muy caro”, explica mientras se prepara para una breve danza que acompaña con un tamborcito elaborado de madera y piel de venado.

Menciona que el maíz ya nadie lo quiere comprar, y que lo poco que ganaba de la pizca, no le alcanzaba para el sustento de su familia, por lo que decidió emigrar hacia varios estados del país, en busca de dinero para enviar a su familia, aunque dice que en ocasiones sale trabajo de albañil, pero pocas veces encuentra trabajo de jornalero.

“Muy rara vez hay trabajo, pero no es diario. Mucha gente está sí como nosotros, y la mayoría del pueblito se han salido como nosotros para trabajar en otros lugares, y somos muchos los que nos salimos, casi la mayoría”, señala.

Un ejido muy pobre

Zacatongo es un pequeño ejido ubicado al oriente de Toluca, en donde sus habitantes se dedican a la agricultura, ya que la mayor fuente de empleo se ubica en Toluca y sus alrededores, por lo que tienen que trasladarse hasta la capital para poder emplearse o estudiar en alguna preparatoria o universidad.

Los que se quedan vender artesanías elaboradas de manera familiar, muy rústicas y escasas, por lo que tienen que salir del ejido para poder salir de la miseria en que vive la mayoría de los zacatonenses.

Desde mayo que está fuera de su pueblo y de su familia, y desde entonces ha viajado mucho. Ya estuvo en Tampico, Victoria, Matamoros y Reynosa, hasta que hace tres días llegó a esta ciudad, pero ya está a punto de ir hacia Monterrey, en donde dice, puede haber mejores posibilidades de obtener más dinero.

Sin embargo, reconoce que no les ha ido mal, aunque podrían irles mejor porque la gente ha sido muy amable con ellos, pero se queja del fuerte calor, a diferencia de las temperaturas frescas de su comunidad.

“Ya en Monterrey iremos bajando hasta regresar a nuestro pueblo, y del dinero que ganamos le mandamos algo a nuestras familias, porque n o juntamos dinero para nosotros, sino que todo es para la familia”, explica.