A través de los años la clase política ha hecho esfuerzos de toda índole con tal de sobrevivir a una vorágine de cambios, algunos, urgentemente necesarios y otros, necesariamente lógicos por las circunstancias con que vivimos hoy en día: no es lo mismo el México que hoy tenemos que el de hace veinte, cuarenta o sesenta años.
Los tiempos han cambiado y se han incorporado a las campañas y movimientos políticos una serie de mecanismos que revolucionaron para bien y/o para mal la forma de captar de la gente respecto a sus políticos, sean del partido que sean.
Recordamos, por ejemplo, el movimiento “Yo soy 132” que causó revuelo y que algunos mal intencionados aprovecharon para denostar candidatos, partidos y corrientes; en otas circunstancias, nos permitieron concientizarnos acerca de lo que acontece, sin que siempre tuviéramos una versión apegada a la realidad.
Por años, los políticos no han circulado en la sociedad con buena reputación: su inexplicable riqueza sexenal o trianual o sus muchas promesas incumplidas los hacen ser lo que muchos creen que son. En otras ocasiones, la imposible forma de siquiera verlos o tocarlos, orillados muchas veces por circunstancias de inseguridad y otras, por la fanfarronería de los “guaruras” y cuerpos de seguridad, de secretarios particulares y otros colaboradores nos han hecho pensar mal de ellos.
Pero hay de todo, como en la viña del Señor. Cuando vemos obras importantes que se ponen en marcha pensamos en la forma en que la política sirve a los demás, y cada día encontramos una justificación a esta acción, pese a los reclamos de una oposición que gusta de criticar por sistema, pero sin argumentos, lo que hacen quienes se encuentran en el poder.
La clase política se prepara para la gran prueba de 2015, y en la entidad se buscarán lugares para ocupar en San Lázaro en forma de diputaciones federales. Los resultados, como todos sabemos, no corresponden actualmente a la lógica ciudadana sino más bien a un revanchismo que se presentó cuando candidatos sin trayectoria, sin campañas ni publicidad ganaron las curules que ocupan hoy en día. Obvio, llegaron sin esfuerzo, trabjaan sin esfuerzo y sin justificar ni justificarse en absoluto.
En ese sentido, el Partido Revolucionario Institucional está llevando a cabo una serie de acciones con la idea de recuperar esas posiciones.
Cuando inició su gestión Rafael González Benavides en el Comité Directivo Estatal se cubrió con destacados representantes de esa clase política que ha avanzado sin hacer ruido: los que están detrás de las figuras y hacen el trabajo de concientización y proselitismo a través de la escuela de cuadros, de los sectores básicos y otros más, pero que están siendo factor de reflexión para que quien tiene derecho al voto pueda reflexionar sobre la viabilidad de entregar su confianza y el correspondiente sufragio a tal o cual partido.
Rafael sigue incorporando gente que tiene experiencia a su equipo de trabajo, y además, establece una serie de reuniones de evaluación que son tan importantes y necesarias en cualquier institución que quiera permanecer a la vanguardia.
Se ha “descubierto” que las redes sociales son importantes para captar votos a través de sus muchos mecanismos, siendo el último de ellos uno que, a través del cobarde anonimato se dedica a difamar y exhibir mentiras. Le llaman “Secret”, y aunque no tiene nada de honesto ni de ético ni de responsable, existe en las redes.
Solamente esperamos que este tipo de recursos no sean determinantes para que en Tamaulipas nos volvamos a equivocar a la hora de sufragar, porque de todos está comprobado que nuestros legisladores federales opositores al gobierno estatal nada han hecho, y como dijo don Teofilito: “ni harán”.