Y no es precisamente de los partidos políticos de los que queremos hacer mención, o de jugadores de algún deporte extremo: se trata de la guerra interna que todo ser humano debe librar con su “yo “ interior para tratar de sacar la mejor partida en este juego tan interesante que se llama “vida” y al que todos estamos llamados a participar, con el resultado que sea, nos guste o no.
Y a veces esa lucha implica el hacer una profunda limpieza del corazón y el alma, de los principios y valores que uno tiene o cree poseer, para enmarcar en el juego lo mejor de sí. Los valores y sentimientos que muchas veces estorban a quienes tenemos el corazón de pollo y no somos capaces de hacer algo por librar una victoriosa batalla en pos del triunfo: nos cuesta mucho trabajo decir a la gente que se vaya de nuestra existencia porque no queremos lastimarles, y entonces, los lastimados somos nosotros.
Pero eso no nos deja nada positivo y lo sabemos, porque es cuando libramos la más difícil de las batallas, ya que en ello va inmersa la felicidad que se debe buscar por sistema automático, lógico y natural.
En el curso de esta batalla permanente encontramos personas que pareciera que tienen la necesidad de lastimarnos con sus sentimientos simulados, o con sus frustraciones y corajes que llevan a la práctica con nosotros, a través de frases o actitudes que dañan. Los que no podemos decir tan fácilmente “no” somos los que sufrimos, pero tenemos que aprender a ser fuertes y seguir avanzando en lo que se considera una buena lid, y que tiene como objetivo enseñarnos más cada día sobre los encantos de la vida.
Cuando las cosas se tornan difíciles, tenemos que recurrir a apoyos externos y qué mejor que los profesionales de la conducta humana como son los terapeutas, psicólogos o inclusive psiquiatras, quienes realmente nos apoyan y orientan para encontrar las soluciones de una existencia, aparentemente feliz, pero que está llena de reproches hacia la persona que pensamos amar, pero que realmente son hacia nosotros mismos.
Sucede todos los días, por nuestra condición humana.
En ocasiones queremos sacar esas frustraciones a través de los platillos y la obesidad se presenta como una excusa a la impotencia de poder hacerlo bien y en forma.
Los seres humanos estamos obligados a buscar salir hacia delante, nunca retroceder, y quien piensa que puede quedarse cómodo en ese agujero, está totalmente destinado a un fracaso como persona, padre o lo que quiera emprender.
Ya los muchachos en las universidades batallan para ubicarse y presentar planteamientos que surgen del conocimiento personal y el razonamiento cotidiano, porque no estamos acostumbrados a pensar como debiéramos, y eso, en gran parte, se lo debemos a los medios electrónicos con que contamos hoy en día, pero es tiempo de superar estas comodidades y simulaciones y enfrentar nuestros miedos y temores, nuestros yerros y desaciertos, para encontrar esa tan importante respuesta que pueda llevarnos a tener un rostro inundado por la expresión de la satisfacción. Es hora de hacerlo, sin lugar a dudas.
Hay que dejar de lado los rencores y externar nuestros sentimientos con la palabra o la acción, y cuando son hacia los demás, enseñarles y enseñarnos que se puede aprender más cada día si nos lo proponemos y tenemos una actitud adecuada.
Dicho sea en otro término: es la hora de aprender a vivir con lo que tenemos, sacudirnos los lastres que nos detienen y seguir buscando esa puerta que lleve al lugar que hemos soñado y que llamamos éxito en cualquiera de sus dimensiones y formas. Es hora, sin lugar a dudas, de triunfar, pero para eso tenemos que cambiar nuestra actitud diaria y hacia los demás.
Tú mereces algo mejor: lucha por ello.
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