Servir a los demás

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Somos una sociedad curiosa: tenemos muchas necesidades de toda índole, incluyendo las de asistencia social que, a fuerza de ser sinceros, hemos dejado como asignatura pendiente. No nos preocupamos mucho que digamos por saber o entender lo que la gente requiere y que pudiera estar en nuestras manos, pero que de alguna manera pretendemos ignorar.

Cuando viajamos, por ejemplo, hacia San Luis Potosí, no podemos ignorar a esos cientos de mexicanos de origen indígena que tratan de vender animales en peligro de extinción y cuya venta está prohibida, o cactáceas, también prohibidas para su comercialización.

Tampoco pareciera importarnos ver por las calles a la gente pedir ayuda; de esto, hay muchas historias, porque desgraciadamente hay malos individuos que drogan a los pequeños para que parezcan enfermos y convertirlos en la carnada para pedir limosna, para estafar.

Pero en el ámbito de la salud, hay una cantidad impresionante de necesidades que surgen producto de la voracidad de la industria farmacéutica y lo limitado del llamado cuadro básico de medicamentos: muchos de éstos no se incluyen en los que proporciona un servicio de asistencia social –IMSS, ISSSTE u otros- y entonces, si queremos cura hay que pagar, así de claro.

En aspectos referentes a la diabetes, han surgido nuevos tratamientos que tienen resultados no buenos, sino excelentes: Treziba es un ejemplo de ello, suyo gran problema es el elevado coste al público. Sabemos por experiencia propia que los controles de niveles de azúcar son realmente excelentes, pero no se puede llevar un tratamiento de este tipo con los salarios y la proporción medicina-ingreso que tenemos los mexicanos.

Tamaulipas tiene instancias no gubernamentales que pretenden ayudar hasta donde es posible, y verdaderamente lo hacen, pero no es suficiente; en ese sentido, hay que destacar el enorme esfuerzo que realiza el gobierno del estado que encabeza Egidio Torre Cantú y que, a través de la Secretaría de Salud, cuyo titular es el doctor Norberto Treviño García Manzo llevan a cabo: a través de una instancia pretenden ayudar a un número importante de tamaulipecos que acuden con la angustia de cada uno de los que padecemos alguna enfermedad: el coste de la medicina.

Hay alivio en ese sentido, aunque somos tantos los que necesitamos que pasa lo que con el cuento de los osos: el recurso hay que distribuirlo de la manera que pueda resultar benéfico para la mayor parte de la gente que requiere apoyo.

Algunos grupos de la sociedad civil se dedican a ayudar en forma callada a sus semejantes con la única motivación que se requiere: las ganas de ayudar y el amor a los demás a través de una ideología religiosa por lo general, pero que alivia el dolor de muchos.

Eso es lo que nos está haciendo falta en una sociedad en la que pretendemos luchar a diario por tener más, por querer ser mejores materialmente que otros, pero que a veces olvidamos que muchos, muchos más, están abajo, solicitando, suplicando una ayuda que a veces no llega y termina con la vida de los nuestros por falta de recursos.

Bueno fuera que pudiéramos cada uno de nosotros donar un poco de lo que tenemos, pero a quien verdaderamente lo necesite y no a esos vividores de la lástima y el dolor ajeno. Bueno fuera, sinceramente, que pudiéramos ayudar más cada día, y que nuestros corazones se abrieran a las necesidades tan recurrentes y sentidas de los demás.

La voz está ahí: gritando a diario que nos necesita y suplicando esa mano solidaria que tienda su palma hacia lo que requieren los demás.

Es ahí donde tenemos que actuar, y hacer un llamado a cada uno de los que pueden hacerlo, para ser solidarios con ese grupo tan importante de mexicanos.

Recordemos que todos podemos caer en una situación similar, y si algo nos gustaría encontrar es esa mano que levanta el ánimo… y la vida.

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