No podemos tirarnos al llanto todo el tiempo ni lamentar la falta de garantías para vivir tranquilos. No podemos estar pensando únicamente en todo lo que nos afecta y nos molesta que se convierte en reclamo, a veces justo y a veces no, hacia quienes nos gobiernan en los tres niveles.
Tenemos también derecho a divertirnos y a hacer prevalecer las tradiciones que han hecho de nuestros pueblos y sus culturas lo que somos.
La Feria de Tamaulipas ha cambiado a través de los años de nombre, de intención, pero prevalece su principal objetivo: mostrar al mundo entero lo que somos, qué producimos y con qué hacemos las cosas, así como también nos ofrece espacios para la recreación y el esparcimiento en familia.
La Feria se instala hoy en día allá por la Unidad Gubernamental, lejos, un poco lejos del centro, pero tiene un terreno que fue acondicionado expresamente para tal fin, y cuenta con espacio para que podamos ir tranquilos, sin amontonamientos más que los naturales, y además, disfrutar de algunos artistas que, en circunstancias naturales es difícil de escuchar en vivo, por su magnitud artística, porque no es fácil que vengan a Victoria o por otras razones: el caso es que están aquí y es justo tratar de aprovechar el espacio y esfuerzo que se lleva a cabo para tener ese esparcimiento tan justo y tan necesario.
No cerramos los ojos a las tragedias que a través de los medios se hacen más grandes y algunos estudiosos de la comunicación identifican como estrategias para distraer. No podemos olvidarlas, y eso sería totalmente irresponsable e injusto.
Pero, insistimos: tenemos todo el sagrado derecho a divertirnos y hacer de nuestra existencia algo menos doloroso, con esos momentos en que se olvida uno de tanto negativismo.
En una ocasión, un psicólogo dijo al columnista: “para sacar todo ese estrés y problemas que te agobian, te recomiendo busques películas ce Cantinflas o de Joaquín Pardavé, o Tin-Tán, porque te ayudarán”. Estas cintas llenas del ingenio que pocos hoy en día conocemos, nos transportan a un mundo de comicidad y dotes histriónicas de los Pompín Iglesias, Vitola, Chachita y muchos más, y nos hacen meternos a ese pequeño mundo-burbuja para distraernos un poco, es decir, olvidar la ola de crímenes y aspectos negativos que nos asolan.
También lo necesitamos.
Es como cuando uno hace meditación o relajamientos y se sale de su realidad para tranquilizarse.
La Feria es organizada por el gobierno del estado como tutor principal, participando delegaciones federales y gobiernos municipales. Bien vale la pena hacer el recorrido por los stands de las dependencias y entes gubernamentales para distraernos, disfrutar un poco y darnos cuenta que no todo es malo en la vida, que tenemos muchas cosas qué presumir al mundo, aunque sepamos que la falta de garantías sociales nos agobia día a día.
Es el momento en que tenemos la oportunidad de aprovechar estos espacios. Vaya con la familia, busque algo distinto qué comer o qué ver, trate de aprovechar las ofertas y demás, y seguramente también encontrará uno que otro suspirante a puestos de elección popular, porque es para ellos una buena oportunidad de darse baños de pueblo y pedir a la gente que lo vea como una parte de ellos.
Aunque sea en feria y campaña, pero los podremos ver un poco.
Y los artistas: una cartelera bastante interesante que bien vale la pena hacer el esfuerzo por asistir.
La Feria tamaulipeca está ya entre nosotros y, fiel a su tradición, se inauguró en día lluvioso. Esperemos sea positivo todo lo que gira en torno a este magno evento, y que todos tengamos oportunidad de visitarla, que, insistimos, bien vale la pena hacerlo.
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