Pese a los grandes esfuerzos que realizan estudiosos de la nutrición y profesionales del área, abundan aún en medios las llamadas “dietas milagro” y productos que, en un abrir y cerrar de ojos nos quitan de encima los 4,5,6 o 10 kilitos que hemos almacenado con el transcurrir del tiempo. Nada más falso que lo anterior, y que requiere de una inmediata participación de los sectores involucrados.
Ya la COFEPRIS ha establecido una serie de normas a seguir para prevenir a los consumidores de caer en esta publicidad engañosa, pero a muchos se nos hace más fácil recurrir al té o una sustancia de las que comentamos, en aras de recuperar la figura añorada, más, cuando se está a punto de ingresar a una temporada en que los excesos en la alimentación son más que manifiestos.
Las dietas milagro no existen. Así de claro tenemos que entenderlo y aceptarlo, y si se quiere perder peso por cuestiones de vanidad, egolatría o salud, es válida la razón que podamos tener, pero es más importante saber ciencia cierta que es lo que hay que hacer para lograrlo, y no caer en estos engaños.
Contamos ya en los últimos años con escuelas que imparten la carrera de licenciatura en nutrición y eso nos ha permitido tener acceso a una mayor cantidad de información, aunado a los blogs y páginas que ciertamente ayudan y orientan, que nos permiten elegir entre los muchos alimentos el que más se adapta a nuestra realidad física y económica.
Porque también resulta que encontramos algunas maravillas para la baja de peso con artículos que no se consiguen en México, o de plano, seguimos aquellas famosas dietas de la luna, de la papa y otras más, cuyo resultado únicamente cierto es una desnutrición manifiesta, un desbalance en nuestro organismo y una falta de salud que viene a cobrarse las facturas en forma de enfermedades y complicaciones.
Quienes vivimos con diabetes tenemos muy claro que hay que aprender a comer bien, y hacerlo de una manera balanceada y adecuada, procurando consumir diariamente alimentos de todos los grupos alimenticios: grasas, azúcares inclusive, frutas, verduras, leguminosas, carbohidratos y productos cárnicos, entre otras cosas; el resultado de un orden en la alimentación seguramente nos regalará mejor nivel de bienestar y una figura que añoramos alcanzar.
No nos dejemos engañar por esta serie de productos que a nadie benefician más que a los que los comercializan. No hay pastillas que nos hagan bajar de peso. Algunos de estos productos tienen efectos sobre el aparato digestivo e inhiben el hambre o propician que haya más poliuria y reacciones que a la larga no son adecuadas.
Si somos de esas personas que no aguantamos ir a las gorditas o a las flautas, podemos hacer el ejercicio de pedir un poco menos que la semana anterior, para tratar de regular nuestro consumo, principalmente, de carbohidratos que son los que más lucen en las tallas extra.
Es importante entender y hacer entender a los nuestros la importancia de una adecuada nutrición, adecuarla a nuestra realidad, y sobre todo, cuidar la salud, porque créalo, los excesos hacia cualquier dirección se pagan con el tiempo, ese implacable cobrador que no nos permite dejar adeudo alguno en la vida.
Existen gabinetes de nutrición en clínicas y hospitales del sector salud, en consulta privada y mucha pero mucha información en la llamada red de redes –Internet- sin embargo, esto último hay que corroborarlo con quien tenga la certeza de que nos están ofreciendo algo apegado a la realidad y que no tiene cortes comerciales prioritarios.
Entendemos que estas personas comen y cobran, pero no se vale que lo hagan a costa de nuestra salud. Eso es lo que tenemos que aprender a cuidar.
En ese sentido, la recomendación es aumentar el consumo de agua en nuestra dieta diaria, fibras, y una buena cantidad de frutas y verduras, privilegiando la comida sin grasas y al vapor, si es posible.
Finalmente, somos lo que comemos.
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