China es la puerta del presente y la ventana del futuro. Su economía es la más grande del mundo, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), este año desplazó a Estados Unidos en su añejo liderazgo.
Por la fórmula de la Paridad de Poder Adqusitivo (PPP), el gigante asiático representa el 16.479% del PIB mundial y la economía estadounidense lo hace con el 16.277 por ciento.
La más reciente cumbre de la APEC, del 10-11 de noviembre, no dejó ni resquicio alguno de dudas acerca del desplazamiento del eje económico hacia el otro lado del continente.
Las antípodas del poder se ubican además en una nación que es la más poblada del mundo y que despierta a un capitalismo que no necesariamente computa con el estereotipo de la democracia occidental, ni con el laissez faire, laissez passer.
Entre las Murallas, los aires de Mao y la filosofía de Confucio, la clase media china es el nuevo imán, el mercado potencial en boyante expansión al que todo empresario quiere venderle algo.
Los magnates chinos son también quienes más activos inmobiliarios e inversiones están realizando fuera de sus fronteras naturales. Ser chino y sobre todo vivir en China, está inn.
Las tiendas europeas que representan el lujo como Chanel, Louis Vouitton o Bulgari tienen a los chinos como clientes preferenciales, son los que más compran sus artículos. En cualquier ciudad de Europa donde esté una de estas tres tiendas se encontrará una larga fila de turistas chinos ávidos de llevarse el bolso más exclusivo o la joya más exquisita.
China y su población son el meta-mercado, y no hacer negocios, no tener inversiones, coinversiones, ni tratados o acuerdos comerciales, vamos ni siquiera una “buena amistad” es no estar en la fiesta de cumpleaños del niño más popular.
La reorientación de la estrategia del actual gobierno que preside Enrique Peña Nieto cobra sentido dado su interés por posicionar a México en la primera lista de intereses de China.
Recordemos que China es el segundo socio comercial de México, empero, la relación no ha sido fácil, menos con la política de precios del país asiático, sus costos de producción son bajisímos; su relación calidad-precio; la tendencia a copiarlo todo e inclusive no respetar las denominaciones de origen.
Durante años, primordialmente la decáda de 1980 y 1990 fueron de constantes pleitos entre uno y otro. México señalando reiteradamente los costos de los productos chinos y su afectación a una serie de sectores de la industria nacional.
Las políticas antidumping del gobierno mexicano llegaron a imponer aranceles de más del 3000% a varios productos importados chinos como juguetes, entre otros.
Y es que la invasión del dragón ha sido imparable desde ropa, juguetes, artesanía, cuero, bolsas, zapatos; qué no fabrican, qué además no copian y reproducen a precios baratísimos.
No obstante, el parteaguas significativo, ha sido el reacomodo de fuerzas geopolíticas y geoeconómicas desatadas a raíz de los hechos del 11 de septiembre de 2001. Si bien China no se erige aún en el policía del mundo, sí es preponderante en lo económico y comercial.
Ningún país ha crecido lo que China desde el inicio del nuevo siglo, ni ha expandido sus relaciones a otros países con mercados en auge como Rusia, India, Brasil y hasta en convertirse en proveedor de países de Medio Oriente.
Para México es contar con un aliado eminente, de hecho, desde los últimos dos sexenios se dio paso a una serie de pláticas entre los gabinetes comerciales de ambos países para tratar de limar asperezas y llegar a una serie de acuerdos en las relaciones de exportación e importación pero con la menor afectación posible sobre todo para la economía azteca.
Durante el sexenio del presidente Felipe Calderón se firmó el Acuerdo Comercial de Transición en materia de Cuotas Compensatorias entre los gobiernos de México y China, mediante el cual se estableció un periodo de transición para los sectores industriales golpeados por la eliminación de las cuotas compensatorias impuestas a diversas importaciones chinas, comprendidas en 953 fracciones arancelarias.
A COLACIÓN
Es verdad, México tiene 12 Tratados de Libre Comercio con 44 países, y presume de una economía de las más abiertas del mundo. Con Estados Unidos, su principal socio comercial, comparte el TLCAN, pero con China que es el segundo socio comercial, tal parece que es como intentar ponerle el cascabel al gato.
No hay hasta el momento un tratado de libre comercio con China. Aunque, yo al menos como analista, no descarto que puedan darse algunos pasos en firme para el marco de un TLC; los guiños del presidente Peña Nieto hacia China van más allá del desastre de “la licitación” con la empresa China Railway Construction Co, que se quedó -más rápido que un tren bala-, sin el proyecto de la alta velocidad.
Al término de la APEC, el mandatario mexicano inició una visita de Estado con su homólogo Xi Jinping de la cual emanaron 14 acuerdos bilaterales. En especial yo quiero resaltar dos: 1) México operará el Banco Industrial y Comercial de China del que me saltan varias dudas, ¿cuál es su propósito? ¿de quién será el dinero que opere?. 2) La constitución de un fondo de energía entre Pemex y 3 empresas estatales de China por hasta 5 mil millones de dólares para la segunda parte de Los Ramones. A todo esto concluyo que el petróleo y la reforma energética han desatado para unos la cólera y para otros son el dulcecito para engatuzarlos al menos por un ratito.