No defendemos a ninguna persona involucrada en la política: pensamos como la mayoría de los mexicanos, que todos tienen cola que les pisen mientras no se les demuestre lo contrario, pero de ahí a condenar a alguien, no pensamos sea prudente, menos, cuando la condena surge de chismes, intrigas, versiones que se publican en forma insana en redes sociales y escondidos con un cobarde anonimato.
No. No queremos pensar que algún personaje de la “clase” política es bandido, mientras no tengamos una constancia sobre lo mismo, y en ese sentido hay quien dice que son ladrones, no tontos y por eso saben esconder sus movimientos oscuros.
Pero vemos que no precisamente se caracterizan por ser inteligentes: bandidos y tarugos, diría el abuelo, porque vaya que les han encontrado cola grande que les es pisada con mucho dolor para ellos y sus herederos.
Y vemos, por ejemplo, la manera en que candidatos, alcaldes y más pertenecientes al Partido de la Revolución Democrática surgen en los medios de comunicación presos, acusados de grandes desvíos y gastos incongruentes con la realidad de sus funciones. El caso de los delegados del Distrito Federal se cuece aparte, porque ahí hay un mar de corrupción y libertinaje para gastar sin comprobar al parecer, porque todos, absolutamente todos han surgido como nuevos ricos, grandes tontos que no saben ocultar lo que trafican y roban, o como dijera el buen padrino Lupe Díaz, no ocultan ni la riqueza ni la pen…
En lo personal consideramos una total burla a los militantes y simpatizantes de ese instituto político, ya que son los que más han criticado la corrupción y el “chapulineo” de otros partidos políticos. Hoy por hoy están igual o peor, porque buscan la impunidad que otorga ser diputado federal para ampararse que no les lleven a donde merecen, al menos, por los tres siguientes años.
En el Partido Acción Nacional surgen versiones encontradas sobre algunos de sus dirigentes, simpatizantes y caciques, entre ellos, los que vienen de Reynosa donde se ubica a quien hizo una insultante fortuna amparado en una alcaldía y luego en otros puestos, buscando manejar el grupo que le lleve a la postulación como candidato a hospedarse en la Casa de gobierno por los seis años siguientes a 2016.
Y así, vemos que todos los partidos tienen gente buena, regular y nada buena, y quien escupa hacia arriba tendrá el resultado que merece.
Hoy por hoy se tienen reclamos ciudadanos en torno a la honorabilidad de quienes buscan cargos de elección popular. Habrá que ser muy cuidadosos para que no pase lo que al PRD en Michoacán o Guerrero, o al PAN en otros sitios muy conocidos, y que nos garanticen que quienes jugarán la nominación para ir a cobrar a San Lázaro sean personas honorables y que tengan el carácter para ver por nuestros intereses porque, finalmente, son nuestros empleados, nuestros representantes, y deberán llevar a la tribuna lo que necesitamos nosotros y no sus institutos políticos.
Queremos representantes populares, diputados que sean decentes en el sentido ciudadano: no los queremos de pipa y guante, que sepan al revés y al derecho el Manual de Carreño y que sean de postín y demás: los queremos decentes en el sentido de que no roben, no trafiquen con sus cargos e influencias o amigos, que sean responsables y cumplan con la ley en todos sentidos.
Que manejen con licencia actualizada y no usen el celular al hacerlo, que no se pasen luces rojas, que paguen sus impuestos, que no dispongan de bienes oficiales para su beneficio personal, que no lleven a sus hijos a la escuela en vehículos que paga la ciudadanía.
A eso nos referimos con la decencia que exige la sociedad, una sociedad cansada de ver suciedad y más en sus calles, en sus representantes y sus gobernantes. Queremos como sociedad candidatos decentes, para que jueguen en una elección en forma equitativa y, valga repetirlo: decente, por favor..