Guste o no a la gente, ya se tienen los nombres de quienes buscarán recuperar para el Partido Revolucionario Institucional las posiciones que se han dejado en el camino con los años y que pareciera que ya son parte del patrimonio político de una oposición que no ha sabido sacar provecho a la situación del país durante años.
Históricamente sabemos que la entidad tiene una filiación y preferencia al tricolor y que antes no se requería de mucho ingenio durante los comicios y campañas para ganar, porque la oposición no existía en casi su totalidad. Uno o dos valientes que conformaban una fuerza política distinta al PRI y era todo: los Elpidios, Pedros, los Camargos y un poco más y pare de contar, no había quien hiciera sombra a un tricolor fuerte en todos sentidos.
Vinieron los tiempos en que algo sucedió con la militancia y se perdieron diputaciones federales, alcaldías y senadurías inclusive, lo que ha permitido a algunos institutos políticos tener representantes en esos niveles hasta sin hacer campaña, o sea, de “chiripa”, porque ni merecimientos ni nada pero llegaron.
Hoy, parece que las cosas cambiarán y el PRI está muy optimista respecto a la recuperación de esos sitios que les han quitado con el tiempo y que consideran propios. Con Rafael González Benavides cambiaron muchas cosas, y al redarse de un buen equipo de colaboradores ha procurado dar la vuelta a la estructura e imagen partidista, logrando una mayor aceptación que puede tener resultados esperados en las elecciones próximas.
Pero, ¿de qué se debe cuidar el PRI?
De los golpes bajos, donde son expertos esos personajes que más que a la política debieran haberse dedicado a ser hampones con licencia, y que gustan de ventilar en lugares públicos los asuntos meramente privados, son la idea de que siendo privados que se pagan con dinero público dejan de serlo y se convierten en tema de interés general.
De la gente que se siente traicionada y se quiere ir a otros partidos, otras fuerzas, y de esos desgraciadamente abundan; recordemos que Puebla tiene un gobernador que “chaqueteó” al igual que Oaxaca, y que encontraron cobijo en esos partidos políticos que gustan de recoger escombros, políticos obras de otros institutos y con eso arman sus cuadros, a falta de estructura adecuada.
Vienen los tiempos en que somos amigos de todos y de nadie, porque nos agregan a redes sociales y nos dicen una y mil cosas buenas; nos llaman para preguntar nuestra fecha de cumpleaños y más, pero la verdad sea dicha, no nos procuran como para sentir que estarán con nosotros durante el tiempo de su gestión.
En el PRI saben que es difícil el camino porque históricamente las elecciones federales tienen votaciones bajas, y en ese sentido, están trabajando ya desde hace muchos meses para lograr no solamente las diputaciones en juego, sino que buscan conformar una estructura que responda a los intereses de gente como usted y como nosotros: los ciudadanos que les daremos la alta responsabilidad y honor de ser nuestros representantes. Eso es lo que está en juego, pues.
González Benavides hace gala de su capacidad para organizar y para resolver situaciones como la que se vive hoy en día, y quiere entregar buenas cuentas, no a quien siempre dicen es el primer priísta de Tamaulipas, sino a esos miles de tamaulipecos que viven esperanzados en que, bajo esas siglas encontremos verdaderos representantes que pugnen por medidas que nos beneficien, que sean auténticos diputados y legisladores, gestores y políticos con la convicción de que se deben a cada uno de los que llegamos a cruzar la boleta con su nombre.
Ese es el reto principal de Rafael, porque tiene muy claro que hay que autentificar la estructura y presencia del PRI en la entidad, de cara a las elecciones del próximo año de 2016, cuando habrá cambio en las 43 alcaldías, las diputaciones locales y la gubernatura, para la que ya hay varios “tiradores” de todos los partidos, inclusive esos que no funcionan mas que para tiempos electorales, por aquello de las prerrogativas.
No está fácil, pero tampoco es imposible.