Los mapaches

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Se sientan frente a mí y su rostro se nota cansado, arrugado por los años buenos y malos y una que otra sonrisa apenas si se asoma en aquellos dos viejos que, ingenuos, aún ahora se hacen mil preguntas acerca de la seriedad de los comicios en turno en México.
Ellos, de vez en cuando ocupan su tiempo en ver el desfile de noticieros que se escurren por la tele y dicen que les llama la atención cada vez que aparece en la pantalla los eternos seguidores de Andrés Manuel López Obrador, a quien siempre miraron con desconfianza, con desdén, he inclusive -dicen -,que, con odio.
Y respetable es, su posición, pero curioso les pregunto los motivos por los cuales ese sabio personaje tan singular, tan honesto y que se siente con los tamaños suficientes para compararse con los héroes que nos dieron patria y libertad, acumuló su desprecio.
“No creemos en ningún partido, en ningún político, he incluso ni pensábamos ir a votar, pero el comportamiento de la gente de Andrés Manuel aquí nos hizo recapacitar y favorecimos, en las pasadas elecciones federales, con nuestro sufragio a su contrario”, confesó la señora.
Pero, lógico es, que aun no quedaban en claro las causas que los orillaron a tomar esa decisión, por lo que mi insistencia peso más que la vergüenza, la irritación y la decepción y fue el viejo el que me ilustró: “Es que en un negocio que se ubica en una calle céntrica de Ciudad Victoria, Tamaulipas, acudí a reparar mis gafas y un hombre maduro, muy parlachín y con cara de gandaya nos ofreció mil 500 pesos a mi esposa y a mi si le prestábamos la credencial de elector para arreglar el voto a favor de Andrés Manuel en los comicios federales, una oferta que se antojó tentadora porque con tres mil pesos se puede surtir la despensa de un mes”, dijo. ¿Y porqué no aceptaron?, se le preguntó. Porque nos dio miedo que se quedara con la credencial y que nos involucrara en problemas”, fue su respuesta.
¿Pero saben ustedes que eso es un delito electoral penado por el IFE?, se les insistió. “Humm…, el IFE, los órganos electorales, esos y otros siempre están dormidos y les pasa como al cuento de la sirena”, apuntó el señor.
¿Y cual es ese cuento?,: “Dicen que dos pescadores en Italia atraparon con su red una sirena y uno de ellos, jubiloso, porque pensó que harían historia con el botín, la cuido hasta llegar a tierra firme. Una vez allí el otro pescador la liberó y la sirena regreso al mar. Enojado, furioso, el ofendido pescador le preguntó a su compañero: ¿Per qué?. “Per dónde”, le respondió sonriente el pescador.
Aunque no le encontré la relación suficiente entre los dos casos, lo real es que el viejo no confía en las instancias que organizan, juzgan y califican a una elección y las compara con la utilidad carnal que un hombre le puede dar a una bella y mítica sirena.
Será un hecho aislado, intrascendente, vago, la experiencia que vivieron estos dos viejos, quienes no logran asimilar aun el cinismo, la perversidad y la incoherencia con la que se conducen los políticos para arribar al poder.
Y, sobre todo, para esos viejos, que se atrevan a ondear la bandera de la decencia, de la honestidad y de la justicia, cuando bien se sabe que es el billete el que mueve montañas y que subsidia caprichos que resultan caros.
Todo esto viene a colación por la propuesta que hicieron varios diputados federales del PAN de impulsar una reforma para castigar también a los mapaches electorales, quienes elección tras elección –dicen ellos- prometen dádivas, dinero u otra contraprestación.
Ellos, los legisladores, proponen un castigo de 500 a mil días de multa y de entre 6 meses y tres años de prisión para quienes participen en un fraude electoral.
Para rematar y para agitar más el avispero, un locutor en Estados Unidos, que se confesó como mapache electoral en los tiempos de Melquiades Morales, ex gobernador de Puebla, aseguró que era común la falsificación de actas en las casas de seguridad, los tacos y todo lo demás para abultar la votación.
El se llama Gerardo Lorenz y a cuadro, frente al periodista mexicano Rubén Luengas, de la cadena Telemundo, precisó, arrepentido, que como Secretario de Acción Electoral del PRI en Puebla participó como mapache en dos elecciones federales y tres estatales, lo que reforzó con suficientes detalles.
Esto, seguramente, pondrá a temblar ahora a los mapaches.
O por lo menos los obligara a refinar, sus estrategias y conocimientos.

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