A título personal, y respetando la ideología de otras personas, somos de la idea de que los sindicatos no tienen clara su misión dentro de las organizaciones, y se han convertido por consiguiente en cuevas donde se refugian bandidos, vividores, holgazanes y tramposos. Salvo muy pocos casos, suele suceder, y el lector no nos dejará mentir al saber como viven los dirigentes sindicales municipales, estatales y federales, haciendo gala de una falta de democracia absoluta.
Se eternizan en el poder como solemos verlo y padecerlo: hay líderes que son “elegidos” y repiten su período una vez… otra vez… una vez más… y así, sucesivamente, hasta que se hacen viejos, engrosando su patrimonio familiar en forma insultante y resultando ser un fiasco, porque nunca defienden realmente a un trabajador que ha sido objeto de una injusticia cuando el patrón en turno ha decidido que así sea.
Los derechos sindicales son limitados y se circunscriben a un aumento salarial “ganado a pulso” durante todo un año de cifras que nunca sobrepasan el 1 o 2 por ciento del salario, aunque, se ufanan en decir MAS PRESTACIONES, que no son más que las que marca la ley históricamente.
Y estos vividores disfrazados de líderes lucran con las cuotas y los privilegios que les otorgan sus agremiados, ignorantes del destino de sus recursos, pero que los pueden ver en vehículos, propiedades y negocios de los dirigentes. El vividor Esparza es un claro ejemplo de ello, ya que sigue siendo, según él y sus seguidores, un líder de aquel sindicato que no representa nada, pero también tenemos ejemplos de esos en nuestra entidad a todos niveles, que sería difícil enumerar porque faltaría el espacio.
Vemos como venden movimientos de los trabajadores y se precian de ser representantes de la base trabajadora, cuando nunca han trabajado y ganan ellos y sus familiares más que el mayoritariamente destacado obrero o jornalero.
Esos son los líderes.
Sin embargo, existen huecos en las leyes que obligan a pertenecer a determinado sindicato y no hay más, porque de otra forma, estaríamos fuera de cualquier tipo de negociación con la parte patronal en beneficio propio,
Difícilmente gestionan cursos de capacitación o cuotas de protección para sus agremiados, pero no hay duda de que saben vivir, gastar el dinero ajeno y manejar como cometa su reptación: sube, baja, va y viene, y se mueve al ritmo del viento, según le conviene.
Pero hoy en Tamaulipas cambiarán un poco –no mucho- las cosas, ya que los miembros del Congreso del Estado han decidido dar oportunidad de conformar otro sindicato en una sola instancia, lo que ha puesto a temblar a los vividores de siempre que se pagan lujos y privilegios que no merecen, pero que aguanten estoicamente, porque “buscan” el beneficio de sus agremiados.
Dice el presidente del Congreso Ramiro Ramos Salinas que en esta reforma recientemente aprobada se ha buscado que siempre se respeten no únicamente los derechos de los trabajadores, sino la libertad sindical, y se comienza con la aprobación para que en los ayuntamientos tamaulipecos puedan existir dos o más sindicatos.
Esto constituye un primer esfuerzo por mantener esa libertad de la que debieran gozar todos los trabajadores, y dejar de ser los que mantienen familias enteras de vividores que históricamente han demostrado que no sirven para nada a la base trabajadora, pero sí muy bien a la clase patronal, oficial y particular.
¿A dónde pretenden llegar los legisladores tamaulipecos con esta medida? A propiciar que los dirigentes se encarguen de cumplir su encomienda, esa que les da para vivir como millonarios: que dejen de ser únicamente fósiles vividores, parásitos sociales y laborales, y que se comprometan con sus trabajadores para buscar beneficios que redunden en todos ellos.
Que dejen de ser las sanguijuelas de los grupos sociales, los parásitos de siempre y se dediquen a buscar lo que debieron hacer desde un principio.
Y claro: que dejen de robar.
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