No cabe duda que todos tenemos días buenos y malos, especiales y singulares, pero nos cuentan mucho más que otros en nuestros sentimientos: bien, el 3 de abril se constituye como algo especial en nuestras vidas, luego de haber vivido un día 2 difícil pero tranquilo, en la compañía de esos seres maravillosos que Dios nos ha puesto en el camino y los llama “familia”.
77 años hace que el 3 de abril vio la primera luz de su existencia, y desde entonces, suponemos, se ha dedicado a crecer y compartir la brillantez de su carácter, de su forma de ser y sus consejos que han impactado en muchos de nosotros para ser lo que somos, o al menos, colaborar en esa difícil empresa que significa crecer y no caer en tentaciones que en ocasiones nos hunden irremediablemente.
Fue hace algunos ayeres –poco más de cuarenta y tantos- cuando llegó a nuestra existencia, y se escribe “nuestra” porque comenzó a formar parte de lo que hoy es su verdadera y real familia, donde hemos encontrado muchas cosas en común, iniciando por aquellas veladas bohemias que por cierto, recordamos esta semana tan especial, donde sus manos acariciaron esa guitarra que con sus acordes acompañó nuestras desafinadas voces, dirigidas por la de él, que por cierto, siempre fue una voz agradable y apta para el canto.
Dentista de profesión –antes así se llamaba a los odontólogos-, dejó huella en miles de pacientes durante su fructífero paso por el Instituto Mexicano del Seguro Social, de donde hoy en día ostenta la categoría de jubilado, y que le permite tener el tiempo suficiente para compartir y cuidar de madre, así como estar pendiente de quienes están ahí, cerca, muy cerca de él.
Como amigo, se significó durante cada momento con nosotros, siendo el consejero que muchas veces todos quisimos tener. Gracias a la vida lo tuvimos en esos momentos tan importantes que se caracterizaron por tener el soporte que ayudó a tomar decisiones adecuadas en su mayoría.
Quizá por eso somos tan felices: porque hemos tenido a nuestro lado a dos grandes personas como guías y soporte de la familia, lo que queda de ella después de las tempestades sufridas.
No se pueden olvidar las noches de box o fútbol, o esas series mundiales que hemos compartido juntos durante años, y que seguramente podremos hacerlo de vez en cuando, ya que hoy en día la distancia no nos permite hacerlo muy seguido.
Lo más importante es que Alejandro está siempre ahí, siempre con su consejo y su comprensión, con su chascarrillo o su llamada de atención para con alguno de nosotros, buscando enmendar las cosas. Es un ser maravilloso para nosotros, insustituible para su compañera de toda la vida.
Y Alejandro celebra un aniversario más, dentro de un grupo que tiene especial afecto hacia su persona.
La verdad, tenemos mucho gusto en poder compartir tan especial fecha, aunque de todos es sabido que no se requiere un punto especifico del calendario para recordar a esos seres maravillosos que el Creador nos pone enfrente.
Hemos superado muchas cosas con Alejandro al frente y lejos de él, porque la vida así lo ha decidido, pero la verdad es que el sentimiento de gratitud es enorme, porque no alcanzamos a agradecer lo que hemos recibido en esta vida, de Dios, de nuestra familia, de nuestros amigos y de quienes hacen posible que tengamos lo que tengamos, que seamos lo que somos.
Muchos días de éstos, querido Alejandro, y esperamos que todos estos problemitas últimos sean superados por todos nosotros, que la salud y otras cosas crezcan en el amor, para que, siempre unidos, podamos enorgullecernos de pertenecer a este grupo maravilloso que alguien llama Familia, pero que para nosotros es todo lo que existe y de donde torna nuestro mundo.
Gracias, Alejandro, por todo, feliz cumpleaños, sabes que te amamos y deseamos lo mejor.
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