Nunca entendieron lo que es la tranquilidad y el abuso de su condición que les permite interferir en nuestras vidas.
Es realmente alarmante el número de anuncios –spots, dicen otros.- con los que hemos sido invadidos los ciudadanos, en aras de elegir a los miembros de la siguiente legislatura federal, y que se han empeñado en difamar, diatribar, en hacer gala de un lenguaje poco claro y de ensalzar virtudes poco creíbles, haciéndose pasar todos los institutos políticos como los verdaderos adalides de la democracia, y los únicos gestores de esos beneficios que otorga el gobierno a través de sus instituciones, sus diputados, es decir, sus tres poderes.
Muchos privilegios que tenemos no son obra de ningún partido político sino de un estado de justicia en el que vivimos y estamos tratando de sobrellevar. Aspectos que tienen que ver con la impartición de servicios básicos de salud, educación, infraestructura y más no son mérito sino obligación de un gobierno que se precie de ser bueno.
Se les aplaude porque somos agradecidos, pero hay que entender que cobran todos por hacer su trabajo, y el ser servidor público en forma desinteresada es una figura que no existe, no en el México de nuestros días.
Sí hay vocación, no lo podemos dudar, pero de ahí a que se scrifiquen por nosotros, como que no es muy creíble que digamos.
Pero a lo que íbamos: se ha autorizado una cantidad groseramente escandalosa de anuncios en los que, como decimos antes, tienen todo objetivo de convencer; desde nuestra óptica, vemos que se crea un ambiente contrario: muchos no queremos escuchas amenazas y méritos falsos: podrían haber enfocado el gasto de estos anuncios a presentar propuestas.
El país está para pensar positivamente y dejar a un lado rencillas. Ya los aspectos como plantones y todo ese tipo de acciones como que ya nos han cansado, y quisiéramos escuchar qué proponen quienes pretenden un escaño en San Lázaro para contar con una nación tranquila, donde la ley se cumpla en todos sentidos y el desarrollo nos acompañe en todo momento.
Tampoco entendemos el que se quiera pasar por alto el sagrado precepto constitucional que garantiza a cada mexicano la libertad de expresarse. Cada quien es libre de pensar bien o mal de un candidato o instituto político sin que sea sujeto a sanciones.
No concebimos que la autoridad quiera coartar ese precepto constitucional bajo ninguna circunstancia, aunque se encuentre en los supuestos de una ley que aún hoy en día es discutida por muchos.
Queremos escuchar no tantos spots, porque la verdad que marean, sobre todo con la cantidad de partidos o institutos políticos y candidatos, con los gritos y esos amontonamientos de muchachos que se hacen en los cruceros, cuya misión es tomar el peligroso baño de sol cotidiano, ondear banderas de tal o cual candidato, sin más beneficio que el ruido y el entorpecimiento del tráfico.
Esos recursos debieran gastarse en algo más productivo, pensamos, porque ver a estos muchachos ahí, arriesgarse a los peligros del inclemente sol como que no es la mejor manera de pasar dos meses de su vida.
En fin, el caso es que no estamos conformes con lo que vemos en cuanto a campañas políticas. Vemos que los operadores se quedaron cortos, o de plano, la imaginación e iniciativa se les quedó atorada en campañas anteriores, y han caído en los mismos cuadros de antaño, donde pretendían manejarnos con un discurso vacío y demagógico.
Hoy los tiempos han cambiado y la gente quiere escuchar otras cosas, pero más importante aún: quiere ver cosas mejores y que se cumplan, que se hagan, que sean parte de nuestra realidad.
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