Reynosa, Tamaulipas.-Hombre de pocas palabras y forjado en el trabajo desde temprana edad, formó un carácter recio e inflexible que le dio fama de “duro” en su mandato como presidente municipal de Reynosa en el periodo 1993-1995, empero, detrás de esa imagen de “broncudo”.
Rigoberto Garza Cantú era un hombre que sentía profundo amor por Reynosa y le enfurecía cuando alguien hablaba mal de la ciudad o trataba de ponerle obstáculos en los proyectos de modernización y progreso que trazaba desde el Ayuntamiento.
Don Rigo llegaba al Palacio Municipal en las mañanas y descendía de la camionera Suburban de color rojo con gris, con frecuencia era esperado por reporteros, quienes lo abordaban o entrevistaban en los eventos que asistía, cuando algún comunicador le quería “cargar la mano” o sentía que se le quería acorralar, el ex –alcalde de Reynosa se encendía y decía las cosas sin ambages y en no pocas ocasiones regañaba a los reporteros ante su falta de compromiso con Reynosa y enfocarse solo a las cosas negativas.
Siempre estaba dispuesto a atender a los reporteros, a quienes apoyaba sin preguntar jamás los motivos de la petición, pero tenía poca paciencia a los reporteros “latosos” como el los llamaba.
No admitía las críticas contra Reynosa y estaba disponible a encender y participar en cuanto debate fuese necesario para hacer constancia del amor y lealtad que esta ciudad le inspiraba. Generoso era y jamás escatimaba recursos o esfuerzos para ayudar a quien se lo solicitaba.
Político de su tiempo y respetuoso de las formas y procedimientos, Rigo Garza Cantú cedía espacios y cortésmente abrigaba al gobernador, optando por no hacer declaraciones y que los reflectores fueran todos para el mandatario.
Familias de escasos recursos lo buscaban afanosas en sus oficinas particulares en la Calle Morelos y Escobedo o en “La Cascada” en Herón Ramírez y siempre de su propio bolsillo solventaba las necesidades económicas de quien pedía su apoyo.
Era enemigo de los abusos e injusticias y siempre estaba atento a escuchar cualquier queja e intervenir de inmediato sin importar de quien fuese, la víspera de su cumpleaños era un día de fiesta la clase política acudía a su residencia en la calle Pedro J. Méndez frente a la Plaza Niños Héroes, en donde le llevaban serenata y las comilonas que presidía en Reynosa Díaz o en el rancho de Mario López Villarreal eran memorables.
Rigo Garza Cantú fue aquejado en los últimos años, complicada su salud por un derrame y trombosis cerebral, su estado se fue agotando, aun en cama o convaleciente estaba al tanto de lo que ocurría en Reynosa, personajes y líderes lo buscaban para pedirle consejo y orientación. Este jueves al mediodía falleció a los 78 años.