-Las delicias del poder y el proceso electoral
-¿Para qué sirven los debates?
-Obligatorios….u opcionales
Los excesos de los políticos y si debe darse o no el debate entre los candidatos que pretenden un cargo de elección popular fueron los temas que dirigentes gremiales en este puerto fronterizo abordaron durante la mesa de trabajo convocada por el Centro de Radio Avanzado y difundida a través de la frecuencia 1490 de AM de Radio Mexicana. La iniciativa del concesionario EDUARDO GALLEGOS MEDRANO y el Director de Noticias DARIO MERCADO ha generado buena respuesta entre la audiencia del noreste tamaulipeco y sureste del Valle de Texas.
Como si la falta de trabajo de instituciones partidistas y candidatos no fuera suficiente para desalentar a los electores aztecas, los excesos de quienes viven y gozan de las mieles del poder también contribuyen a generar desánimo en los procesos electorales.
Viajes prolongados y costosos de hijos de políticos, prendas y joyas valuadas en varios miles de dólares y euros, uso de aeronaves oficiales para traslados turísticos particulares, el costosísimo avión presidencial que pronto surcará el cielo nacional e internacional fueron, entre otros, ejemplos ventilados en el intercambio de ideas entre un grupo de líderes de opinión, bajo la conducción de la licenciada JULIA ANTONIETA LEDUC.
Y, en efecto, tales excesos derivados de las delicias del poder, como es lógico suponer, se transforman en reclamos ciudadanos y, por consiguiente, impactan la credibilidad de la clase política, partidos, funcionarios y representantes populares.
En consecuencia, en la actual competencia eleccionaria para renovar los diputados en el palacio legislativo de San Lázaro el panorama es desalentador por lo que, desde ahora, el abstencionismo se perfila como el real ganador de la contienda.
Lo más lamentable es que los gastos de operación de partidos, candidatos y árbitro electoral que suman millones y millones de pesos, son sufragados por los contribuyentes mexicanos.
Respecto al cuestionamiento sobre de qué sirven los debates, quiénes debieran debatir y si deben ser obligatorios u opcionales, naturalmente, el tema polarizó la mesa de trabajo.
Quien esto escribe precisó que los debates, sobre todo entre candidatos a cargos de representación popular, representan un ejercicio sano siempre y cuando el ente que convoca y el moderador se conduzcan con imparcialidad, no permitan los insultos y pugnen porque prevalezca una actitud propositiva.
De esa manera, los electores tendrán una idea clara y precisa del conocimiento de la problemática de los candidatos y su capacidad de convencimiento.
Bien lo dice el diputado local JUAN PATIÑO CRUZ: El debate es importante pues es la única manera de contrastar capacidad para comunicarse, propuestas, habilidad para salir de presiones y capacidad para el debate y convencer a la tribuna del Congreso. Eso, independientemente de que si cumplen o no sus promesas de campaña.
Les asiste cierta razón a los abanderados de partidos con mayor posicionamiento entre el electorado cuando se niegan a participar en la contienda verbal. Aseguran que en ese ejercicio solo ganan los participantes de partidos menores al acaparar los reflectores de los mayores.
Cuestión de enfoque, puntualizan otros.
A pesar de que los debates no atraen la atención ciudadana por convertirse-coloquialmente-en chismes de comadres o pleitos entre lavanderas, bajo un esquema definido y de alta responsabilidad y espíritu ciudadano de los candidatos, ese ejercicio podría devolver en algo la confianza de los electores.
En ese contexto, deberían debatir obligadamente todos los participantes en la justa electoral y, además, ahora que está de moda, sería el ciudadanizado Instituto Nacional Electoral el ente convocante y moderador.
Obviamente, por razones de tiempo y avance de las campañas proselitistas en el actual proceso eleccionario, este ejercicio democrático se antoja punto menos que imposible.
Y hasta la próxima.
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