Día de la Madre

Con toda certeza la mayoría de los mexicanos estaremos celebrando una de las fechas más típicas y sensibles: el día que se dedica al ser que nos engendra es, sin lugar a dudas, el más importante y más celebrado.
Hemos visto de todo en el país y el mundo, aunque en otros sitios la celebración tiene fechas distintas. En España, por ejemplo, lo celebran el primer domingo de mayo, y esta costumbre es muy arraigada en la mayoría del orbe.
Nadie puede negar que existen sentimientos para compartir, aunque muchos, en tono seco y frío, pareciera que no tienen nadie a quien festejar o recordar, porque actúan como si nunca hubieran tenido sentimientos.
El tener en cuenta al ser más importante de la familia nos hace revivir una serie de pensamientos y vivencias, todas, entrelazadas en esos brazos que por vea primera se unieron para darnos la primera muestra de amor y cariño.
No se puede negar que somos una nación matriarcal, porque pese al estúpido machismo que todavía mucha gente profesa, esos tan machos doblan las piernas al saber algo de su madre. Difícil no hacerlo en todos los ambientes.
Nosotros, como cualquiera, pensamos en ese maravilloso ser que aún está con nosotros y quisiéramos tener la magia de poder estar ahí mismo en este momento y no celebrar un 10 de mayo sino un reencuentro, como el que tuvimos hace apenas unas semanas, y que disfrutamos como nunca cada minuto que pudimos tenerle entre nosotros. los minutos, los segundos y momentos vividos con mamá son insuperables en toda circunstancia, y Dios lo sabe, por eso, pensamos que nos otorga las facilidades para verlos de vez en cuando, pese a la distancia que nos aleja en físico pero nunca en corazón, que es lo más fuerte que conocemos.
Con mamá nos une algo mu especial y ella lo sabe: sentimientos que surgen día a día desde aquel momento en que cruzamos la barrera entre el único y maravilloso mundo intrauterino y la realidad, para convertirnos en indefensos seres que, en sus brazos acumulamos enseñanzas y vivencias tales como el amor, la tolerancia, el afecto, el cariño y esas cosas que siempre nos han unido como nada en el mundo.
Esos instantes en que sus mágicas manos cruzaron mi frente para curar alguna temperatura mal habida o un temor a algo en la escuela o la vida en general, y que me hizo ser más fuerte cada vez: aprender a valorar lo que somos y tenemos y a sacar fuerzas de alguna parte para tener mayores oportunidades de crecer en todos sentidos.
Esos momentos en que aprendimos como si fuéramos plantas manifestándonos con una especia de ósmosis en donde nos nutrimos de amor y comprensión, de esos sentimientos que hoy depositamos en los seres que tenemos a nuestro cargo. Momentos en que fuimos reprendidos por no hacer las cosas adecuadamente, pero que nos enseñaron a pensar dos veces cada momento.
Claro que tenemos el deseo de estar allá, pero como dijo Rae, el personaje del libro “Ningún Lugar Está Lejos”, si piensas en ella, estás allá, y entonces, cierro los ojos muy fuertemente y me pienso en sus brazos o a ella, hoy, mi viejita querida, en mis brazos que, plenos de amor y reconocimiento quisieran tenerle agazapada, protegiéndola de cualquier cosa como hizo cuando fui pequeño.
Hoy viene el recuerdo a mamá, a ese maravilloso ser que todos tenemos y que algunos olvidamos. No hagamos de este 10 de mayo el momento para recordarle y amarle, sino, por favor, hagamos cada día de nuestra existencia una especia de 10 de mayo para que ella sepa que el amor y enseñanzas totales que sembró dieron buena planta y buen fruto.
Un día de las madres de todo el año deseamos, mamá, y Dios sabe el dolor por no verte físicamente, aunque estás en el corazón y el pensamiento de este pequeño ser del universo, el más lleno de amor y gratitud… gracias a tus brazos, a tus enseñanzas… a ti, mamá.