Dicen que no hay que dar a conocer el sentimiento de descontento que tenemos, porque se pueden herir susceptibilidades: por ignorar el sentido común hemos tenido el país que tenemos, con vividores que ocupan cargos públicos y no trabajan, con legisladores federales que sirven para dos cosas, o con programas que se instrumentan para engordar el caldo a algunos y no para beneficio de los demás.
Es tiempo que digamos las cosas por su nombre, corriendo el riesgo de perder muchos de nuestros amigos y contactos de redes sociales que cayeron en el estúpido juego de jugar con el dolor ajeno: Nepal, para ser más específicos.
De todos niveles: desde analfabetas hasta universitarios con estudios de posgrado se les hizo “buena onda” agregarse a la lista de los visitantes a Nepal durante el terremoto reciente que ha dejado miles de muertos, y que Facebook creó para que, quienes pudieran tener acceso a la red avisaran que estaban bien, o al menos, vivos.
Como siempre, el (la) estúpido (a) que no falta, echó a perder el esfuerzo de millones, y en forma por demás denigrante se bloqueó la aplicación en México, país de nuestros amores, donde habitan millones de personas, entre quienes viven esos estúpidos que jugaron a estar en Nepal y poner que estaban bien.
Ahora resulta que había más mexicanos que gente de Nepal. Patética la acción, sin duda alguna. Hoy en día, está bloqueada y quienes tengan necesidad de comunicarse con su gente, y que tuvieron como única alternativa las redes sociales, simplemente se “jodieron” gracias a ese grupúsculo de ignorantes, estúpidos, idiotas o retrógradas –no sabemos cual es el más preciso- que, sin importar lo que sufre la gente, jugaron con la aplicación y los sentimientos de millones en el mundo.
Ya estarán contentos de haber echado a perder algo más que una aplicación de redes sociales por su manifiesta “buena onda” y ganas de jugar cuando no tienen qué hacer.
Imagine el lector que tenemos un familiar desaparecido, por levantón, acto delictivo, fenómeno natural o cualquier otra causa, y estamos esperando información de ellos, y por un imbécil no podemos saber si está bien: ¿cómo le caería eso?
Hay que pensar en los que tenemos gente enferma y puede sufrir algo repentino. Qué tal que un hijo nuestro fuera autista y se nos perdiera, ¿Le agradaría que alguien jugase con su canal de comunicación?
O los que tenemos enfermedades incurables, si nos bloquearan los canales adecuados, ¿qué haríamos? Eso no lo pensaron el grupo de retrógradas que aparentemente tienen educación académica y moral, que tienen formación familiar, pero seguramente, principios de solidaridad los mantienen ajenos a sus formas de vida, si a eso se le puede llamar vida.
Es mucho el enojo hacia estos individuos, y perdonen nuestros amigos que por “buena onda” se agregaron a una lista donde ni siquiera tienen la más remota posibilidad, porque ni son de Nepal, ni tienen forma de viajar de esa forma y porque no tienen el corazón para ser solidarios. Eso, eso no tiene nombre, así ce claro.
Y quienes siguieron el juego, esperemos que nunca tengan un enfermo en casa o un viaje prolongado por cuestiones fuera de agenda, y que no piensen que sus familiares fueron objeto de un acto criminal o un accidente, de una inundación o algo por el estilo, que no fueron asaltados y heridos o mutilados, que sus mujeres no fueron robadas y violadas para luego ser asesinadas, sino que, por un caso de esos de “buena onda” solo no pueden comunicarse con ellos.
Ojalá todo fuera un juego, donde los estúpidos puedan seguir abusando de los recursos de los demás. Ojalá éstos algún día maduren al menos una o dos hormonas de inteligencia y sensibilidad humana, y sepan lo doloroso que es no poder tener información oportuna de los nuestros.
Aunque, claro, estos no tienen conciencia y mucho menos raciocinio. Lejos pensar que tengan sentido común o inteligencia.
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