Reynosa, Tamaulipas.-Las experiencias con los embates de los fenómenos naturales no siempre fueron reactivas y coordinadas en forma constructiva y pensando en los damnificados. En el pasado Reynosa vivió episodios de confrontación y choque, en donde el ingrediente electoral y político movilizó la voluntad de la autoridad municipal, asumiendo el tutelaje de la respuesta que se perdió en su obsesión contra el entonces gobernador Eugenio Hernández Flores.
A diferencia de la tromba registrada el 20 de septiembre de 2006, que dejó daños en poco más de 3 mil viviendas y al menos 65 colonias inundadas, de acuerdo al censo de daños elaborado por la Coordinación de Protección Civil del Estado. La ayuda nunca llegó a sus destinatarios, mientras los argumentos políticos y reclamos de respeto a la autonomía municipal de parte de la administración municipal no cesaban, El Gobierno Estatal se dirigió a las colonias a caminar las calles inundadas y escuchar y atender a los ciudadanos que bajo el agua esperaron el apoyo municipal que nunca llegó.
El episodio de lo ocurrido la tarde del 23 de septiembre de 2006 en la colonia Lucio Blanco lo ejemplifica a la perfección. El Gobernador Eugenio Hernández Flores arribó al sector acompañado de funcionarios de inmediato solicitó iniciar el recorrido por el sector para evaluar personalmente los daños.
Mientras el alcalde y funcionarios decidían o no acompañar al mandatario estatal en la caminata. Regidores del PAN discutían acaloradamente quienes irían a meterse a las calles inundadas y llenas de lodo, al final decidieron que el alcalde municipal fuera solo y ellos quedarse en la comodidad de tierra y esperar el parte de daños al regreso de los gobernantes.
Posterior, al balance de daños la declaratoria conjunta de zona de desastre nunca prospero, al menos dos meses transcurrieron sin que llegara la ayuda, las diferencias políticas y la obsesión enfermiza que se tenía hacia el gobernador del Estado impedían que fluyera el apoyo a quienes perdieron todo con las lluvias.
Hasta finales de octubre de 2006. Gobierno del Estado harto de los argumentos pueriles y manchados de electorismo y política, asumieron el mando total en la restitución de daños y bienes materiales perdidos. El odio de las autoridades municipales se acrecentó a tal grado que llegaron a arranques viscerales como impedir la distribución de la ayuda social humanitaria.
No pocas veces interrumpieron el envío de apoyos sociales, invocando la violación a la autonomía municipal, escondiendo detrás de tal argumento su incapacidad de reacción y sobretodo su empeño por utilizar a las familias como ariete político de golpeteo sin importar que la emergencia y necesidad eran apremiantes mas que el odio irracional que cegó y nunca permitió la recuperación de aquel embate de la naturaleza.