Talladores de lechuguillas

Estudiantes de la Licenciatura en Lingüística Aplicada de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) recibieron un público reconocimiento de los organizadores y participantes en el Primer foro de acercamientos lingüísticos a los problemas sociopolíticos actuales que se efectuó recientemente en la Unidad de Posgrado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Marisol Anahí López Rivera es estudiante de sexto semestre de la licenciatura en Lingüística Aplicada en la Unidad Académica de Ciencias, Educación y Humanidades (UAMCEH) y María Yunuet Abigail Parra Ramírez es estudiante en la misma licenciatura y colabora, como parte de servicio social, con investigadores en el Centro Multidisciplinario de Investigaciones Regionales (CEMIR); su ponencia “El rescate de la memoria y la exploración de la lengua a través de la historia oral en los trabajadores de la lechuguilla de la cooperativa del ejido Magueyes, municipio de Jaumave, Tamaulipas” comenzó como un trabajo antropológico.

La investigación pretende mostrar los códigos lingüísticos de un grupo marginado del centro del estado de Tamaulipas; a través del análisis del discurso se intenta reconstruir su memoria; se ha realizado una búsqueda de sobrevivientes para ser entrevistados con el propósito de recolectar testimonios de su vida campesina; el objetivo es rescatar la memoria de la labor realizada por talladores de lechuguilla del ejido Francisco I Madero, municipio de Jaumave, Tamaulipas, cuya producción tuvo un gran impacto en el mercado mexicano hasta los años 80 y que fue quedando rezagada a partir de la comercialización del plástico.

Para efectos de esta investigación, se utiliza el modelo metodológico de John B Thompson (2002) acerca de la hermenéutica profunda, el cual parte de la doxa de la vida cotidiana para realizar el análisis socio histórico, de discurso y de reinterpretación; el que es aplicado a partir de la recolección de testimonios con los que se pretende entender la percepción de la realidad que tienen todos estos trabajadores al compartir sus memorias, indagando las relaciones de las circunstancias etnográficas a las que se enfrenta la lengua, lo que el lenguaje en sí mismo no muestra y finalmente lo que denota y connotan sus testimonios.

Se presentan los avances de los resultados; una recolección de códigos lingüísticos que usan los entrevistados para recordar y contar sus experiencias, la importancia de las relaciones humanas, la organización social y la influencia de la economía en el desarrollo humano de los miembros de estos grupos marginados.

La producción de ixtle en el suroeste del estado de Tamaulipas, fue la actividad más importante en las haciendas del siglo XIX y posteriormente la principal fuente de ingresos de los ejidos durante el XX; esta actividad fue, hasta la década de los 80 del siglo pasado, inherente a la forma de vida de los campesinos de esta zona, quienes primero como peones, después como ejidatarios ejercieron el oficio de tallanderos de lechuguilla durante generaciones.

Según Herrera (2011), el agave lechuguilla, planta de la cual se extrae la fibra del ixtle cobró importancia a mediados del siglo XIX debido a la creciente demanda de “fibras duras” en Europa; se cosechaba de manera silvestre y su producción se enviaba al viejo continente donde era altamente apreciada por su calidad; conocida con el nombre de fibra Jaumave, entraba por el puerto de Havre, Francia donde según Reyes (1980:6) se cotizaba con “el mejor ixtle del mundo”.

Para fines del siglo XIX los propietarios de las haciendas de la zona empezaron a vender sus tierras a inmigrantes españoles que se convirtieron en los nuevos empresarios de esta fibra; la que a partir de la primera década del siglo XX empezó su declive (Herrera, 2011).

Se desconocen algunos de los registros de producción ixtlera en los años de la Revolución Mexicana, pero al parecer su producción siguió a la baja hasta los años en que el reparto agrario convirtió las haciendas ixtleras en ejidos; aunque estos ya no producían las grandes cantidades y su auge había pasado, la producción era muy significativa tanto en el plano local como nacional; su impacto siguió ocupando los primeros planos en la economía regional; la federación creó un organismo paraestatal llamado Cordemex para fijar precios, concentrar la lechuguilla, procesarla y comercializarla. (AHEZ).

En Tamaulipas la producción ixtlera tuvo un violento declive que acabó con la producción a nivel industrial en los años 80, cuando el plástico desplazó de forma definitiva a esta fibra; ocasionado los cierres masivos de desfibradoras, el desmantelamiento de la paraestatal y la diáspora de tallanderos que emigraron del ejido y buscaron nuevas formas de ganarse la vida.

Por su situación de trabajo los tallanderos eran vistos como grupos marginados, ya que no tenían voz ni voto más allá del ejido, a pesar de que representaba su trabajo grandes ganancias en el mercado ixtlero; ignorados incluso por las mismas fabricas que eran las encargadas de llevar su trabajo al mercado nacional.

Por el contrario, sus prácticas sociales, su trabajo como campesinos, sus relaciones humanas (familia) desde su perspectiva según lo que hemos analizado de sus memorias, tenía un impacto importante debido a que dentro de sus comunidades cada tallandero era autónomo del trabajo y tenían ganancias según su capacidad y desempeño; no aspiraban a dejar su comunidad para pertenecer a otros grupos sociales (a la comunidad urbana por ejemplo) y a pesar de la mala paga, del desgaste físico y de otras circunstancias.

El trabajador de la lechuguilla sobrevivió para contar el lado humano que las fábricas de ixtle querían ocultar; sus memorias al contar la alegría que sentían al encontrar “la mancha de lechuguilla” y la organización social que se llevaba a cabo en su comunidad nos permite suponer que su identidad campesina no la han abandonado, que sienten orgullo al haber tallanderos y agradecidos cuando se les reconoce.

Las estudiantes de la UAT que participaron en forma destacada en el reciente evento científico en la UNAM, agradecieron el respaldo del Rector Enrique Etienne Pérez del Río y al director de la UAMCEH, Obidio Sánchez López, además valoraron la asesoría de la maestra Clara García Sáenz, quien les impartía la materia de Antropología Lingüística, para poder asistir al importante encuentro académico con presencia de investigadores mexicanos y extranjeros.

Correo: amlogtz@prodigy.net.mx

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