Somos bien curiosos los seres humanos: no queremos –aunque en el fondo nos gusta- reconocimientos por la labor cotidiana, profesional, humana, docente o humanística, pero cuando alguien nos propone algo parecido nos alegramos sobremanera. Nos gusta a todos que reconozcan el trabajo realizado, y miente, sinceramente, quien diga que no.
Un político busca el reconocimiento para seguir avanzando y superando sus logros, a través de puestos de mayor envergadura. Dicen que trabajan por servir a los demás como único propósito, pero sabemos que no es así, porque si lo anterior fuera realidad no aceptarían reconocimientos de todos los grupos políticos, estudiantiles, sociales y más, con calles, aulas, teatros colonias o ejidos con su nombre. Alguien modesto no aceptaría, y menos cuando sabe que es producto de una actitud servil y lambiscona únicamente.
No concebimos, por ejemplo, que durante la administración de cualquier tipo se hagan homenajes o se imponga el nombre del titular sin que éste se de cuenta de que es barbería, lambisconería o servilismo puro. A veces se destacan con estos eventos y se deshacen los arrastrados en elogios de una labor que aún no inicia o que está a medias: ¿Cómo es que elogiamos lo que aún no está listo?
Es parte de la vida política, y por eso tenemos calles y más con nombre de esos que con falsa, muy falsa modestia dicen que no les interesa, que su único propósito es servir a los demás.
Ser reconocido es muy interesante, loable y se antoja positivo cuando es un aliciente para seguir avanzando en cualquier disciplina. En ese tenor, por ejemplo, no nos puede decir nuestro buen amigo Marco Esquivel que no se siente bien al saber que muchos reconocemos su gran esfuerzo por haber concluido un máster en asuntos de imagen, realizado en su etapa final en la Universidad Camilo José Cela, en Madrid, España.
O no puede tampoco decir cualquiera de los muchachos de la Unidad Académica de Derecho y Ciencias Sociales que no se sienten bien cuando se reconoce su esfuerzo en fecha de graduación.
Todos tenemos un poco de ese “ego” que ayuda y motiva a seguir levantando vuelo.
Y en ese sentido, hemos de estar agradecidos por haber sido invitados a la II Conferencia Nacional de Salud, en la Universidad Carlos III de Madrid, España, auspiciada por la Asociación Española de Comunicadores en Salud, y que tendrá lugar en octubre próximo en Madrid, donde hemos de presentar una conferencia magistral sobre el tema que nos ocupa desde hace muchos años en que incursionamos en la investigación en comunicación.
Además, formar parte del Comité Científico de tal evento nos satisface mucho, porque de alguna forma es el reconocimiento que, insistimos, no se busca, pero sí ayuda mucho a seguir superándose.
Esta conferencia en mención tiene una gran importancia, porque asiste lo más granado e importante de autoridades sanitarias españolas, grupos sociales y organizaciones no gubernamentales, en un foro que se lleva a cabo por segunda ocasión y que, gracias el éxito de su primera edición nos permite augurar uno mayor en este octubre próximo.
A veces se dificulta el asistir a este tipo de eventos por el coste que implica en tiempo, presencia, esfuerzo y economía, sin embargo, como tamaulipecos suponemos que debemos estar presentes en todo tipo de eventos donde se ponga de manifiesto que la salud es prioridad en la entidad, y que la investigación sobre el tema está funcionando y sirviendo para mejorar los sistemas sanitarios existentes, buscando alternativas para encontrar bienestar para el paciente, fin último y magno de todos los que estamos involucrados.
Es un honor haber sido considerado a estos eventos, porque nos motiva a seguir con nuestra línea de investigación, y es motivo de búsqueda de lo necesario para garantizar nuestra participación, a nombre de los comunicadores en salud tamaulipecos.
Esperamos cumplir con las expectativas de quienes nos conceden tal deferencia, y de un estado como el Tamaulipas al que orgullosamente pertenecemos.
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