La parte que nos toca

Para cualquiera que forme parte de las autoridades sanitarias del país sería un gusto el poder decir que los trabajadores de hospitales tienen tiempos muertos y no trabajan todo el tiempo.
Lo anterior, en base a que tendrían menos trabajo, es decir, que en la comunidad existiera menos gente enferma con necesidades hospitalarias y de cirugía, de tratamientos que requieren materiales y equipo especial y demás. Las enfermedades no son lo mejor para el individuo y lo sabemos, aunque a veces pareciera que nos empeñamos en que existan los males que nos aquejan.
En ese sentido, el secretario de salud en Tamaulipas Norberto Treviño García Manzo ha externado una y mil veces que debemos participar en medidas de medicina preventiva, de orientación a la comunidad para que las enfermedades puedan conjurarse o afectar en la menor medida posible.
Un caso de ejemplo es el dengue, cuyas campañas nos han permitido mantener el nivel de contagio en cifras mínimas, aunque claro, para la autoridad alarma el que una sola persona esté delicada de salud. El comentario está encaminado a que cuando estamos más informados y concientizados tenemos menos incidencia en muchas de las enfermedades que padecemos hoy en día.
Las pruebas las conocemos y el ejemplo clásico es la Cartilla Nacional de Vacunación, documento que registra un esquema preventivo adoptado por la autoridad sanitaria mexicana hace muchos años y que nos ha permitido reducir el número de enfermos en muchos padecimientos, evitando también un buen número de fallecimientos.
Imagine el lector si todos supiéramos entender a las autoridades y promotores en salud acerca de los riesgos de la obesidad: habría mucha más gente sana, sin hipertensión, sin diabetes, sin riesgos cardiovasculares, sin autoestima destrozada y sin complejos, los que se viven cuando uno es gordo o cuando tiene esa antiestética panza que cuelga como mudo testimonio de una nutrición inadecuada, basada en grasas y carbohidratos.
Hay que imaginar si todos entendiéramos los riesgos que provoca el fumar para la salud propia y la de los que nos rodean, o si supiéramos entender los riesgos de las enfermedades de transmisión sexual, del abuso del alcohol, de la importancia de desarrollar actividad física y otras cosas más.
Si supiéramos entender cuando la Secretaría de Salud avisa que hay riesgo de dengue o Chicungunya, si hay brote de sarampión o alguna otra calamidad sanitaria, y nos dicen qué hacer para reducir riesgos… si todo eso funcionara en nosotros mismos, obviamente estaríamos menos enfermos y ganaríamos todos: la autoridad, porque se gastaría menos en medicamentos y servicios, pero también nuestra familia, porque no habría esas etapas que se padecen cuando alguien enferme. Ganaría la sociedad porque podríamos salir más tranquilos sin temor a contagios y esas cosas.
Ganaríamos todos: es una fórmula de “ganar-ganar” que tenemos que aprender a aplicar en todos los aspectos de nuestra existencia por beneficio propio, por cuenta de nuestro bienestar y tranquilidad, por cuidar el patrimonio familiar al dejar de gastar de más en medicinas y tratamientos.
En este rubro ha insistido el doctor Treviño García Manzo, para que todos colaboremos a ahorrar recursos materiales y humanos, a no padecer el ser una comunidad, una sociedad enferma, y que entonces podamos aspirar y alcanzar esa calidad de vida que merecemos todos los seres humanos.
Habrá que visualizarnos comiendo adecuadamente, realizando actividad física constante, procurando los cuidados del médico que nos sugiere y los de las autoridades sanitarias, y entonces sí, podríamos pensar en ser un país o una entidad de gente sana, que puede y tiene con qué cuidarse.
Pero esto no es un sueño, y es una aspiración que tenemos muchos, pero para que funcione, debe ser parte del sueño de todos, así que la invitación se extiende para que se una a nuestro sueño y lo comparta con sus más allegados.
Entonces, lograremos una mejor calidad de vida en realidad.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

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