Hace quince años fue signada la Declaración del Milenio erigida como la proclamación más concurrente de la posmodernidad a la que acudieron 147 jefes de Estado para estampar su firma.
Aunque de lenguas, colores, usos y costumbres diferentes, diversos matices ideológicos, metaculturales así como de divergencia política, sin lugar a nimiedades persisten desafíos comunes: aminorar la brecha de desigualdad, abatir la pobreza, empoderar a las mujeres, favorecer políticas igualitarias entre ambos géneros; prosperar la cobertura sanitaria, universalizar la alfabetización y el acceso a la Educación Primaria.
Asimismo contiene elementos trascendentes en torno a la reducción de la huella ecológica, la armonización de la actividad del ser humano con el medio ambiente; las prácticas productivas y económicas sustentables así como gobernabilidad y gobernanza. Y el combate, mediante la investigación científica y la medicina, a las enfermedades peligrosas y mortales para la Humanidad tales como el VIH/SIDA.
Hay una evidencia consuetudinaria al respecto de los resultados obtenidos por los esfuerzos del Milenio: la meta que mejor se ha cumplido tiene que ver con la investigación científica del VIH que desencadena el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).
De hecho, cada vez se está más cerca de encontrar una vacuna al tiempo que ha incrementado la esperanza de vida de las personas infectadas y se prueban nuevos antirretrovirales.
En lo social, es más relativo valorar el éxito de los objetivos, la ONU afirma que existen avances victoriosos a tal grado que de 7 mil millones de seres humanos que pueblan el globo terráqueo, unos 800 millones son los que a juicio del organismo internacional estarían en pobreza extrema.
No tengo los elementos para desdecir las cifras de la ONU, desconozco si hoy en día hay menos personas olvidadas de los proyectos sociales ni de tener techo bajo el que dormir, ni acceso al agua potable en India, Kenia, Niger, China o para no ir más lejos en Guerrero, Oaxaca, Chiapas o Michoacán.
Lo que si sé como analista es que hace 15 años no había el desplazamiento transfronterizo que observamos en la actualidad derivado de los conflictos civiles en buena parte de los países de Oriente Medio y África; de infecciones virales como el ébola que son el trampolín para la movilidad; de la extensión de la violencia y la inseguridad como factores de expulsión intramigratoria así como de otros movimientos de grupos de personas por sequías y falta de granos.
La conflictividad transfronteriza es más aguda hoy en día hasta el PNUD ha advertido de razones de ayuda humanitaria, de verdadera emergencia en personas y familias que lo han abandonado todo, encontrándose atrapadas en el hacinamiento y la carencia de alimentos.
A COLACIÓN
Cada cosa a su tiempo. Los ocho objetivos asumidos en los albores del siglo XXI constituyen la piedra angular sobre de la que descansa el nuevo pacto recientemente recogido en Adís Abeba, Etiopía bajo el marco de la III Conferencia sobre Financiamiento para el Desarrollo.
Esta cita no hace más que refrendar, por otros quince años, más el interés por lograr la consecución de las intenciones hace tiempo pautadas.
“Contiene más de cien medidas concretas que abarcan todas las fuentes de financiamiento y contemplan una gran variedad de aspectos, como la ciencia y la tecnología, las innovaciones y el comercio.”
De lo que se trata es de darle un giro mucho más sustentable con políticas amigables y prácticas sostenibles. Ya lo comentó en Madrid, en enero pasado, el economista Jeffrey Sachs.
Sachs subrayó entonces las tres citas relevantes e históricas: julio, septiembre y diciembre. Se espera que la de París -que cerrará el año- se convertirá en el basamento para revolucionar el marco productivo sin carbón.
Los Objetivos del Milenio ya son cuento viejo, ahora de la mano del desarrollo sostenible y del cambio climático, se pretende de aquí al 2030 que los gobiernos de todo el orbe reduzcan su huella ecológica y para ello habrá que recambiar la dependencia de los combustibles fósiles.
El cónclave de la capital etíope es el primero de tres eventos cruciales que definirán este año el futuro mundial. El siguiente será la reunión en Nueva York para la agenda del desarrollo sostenible, y el tercero la Conferencia en París vinculante con la mitigación del cambio climático.
Por lo pronto, en la capital etíope, la confluencia radica en hacer de la cooperación internacional la perla para captar las inversiones necesarias para construir proyectos económicos fructíferos que den empleo y proporcionen bienestar. Y algo crucial: se rescata del olvido el respeto a los derechos humanos en cualquier parte del mundo.
Lo olvidado
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