Noticias como la recibida ahora no son nada gratas: irremediables, pero no se reciben bien, menos, cuando se trata de quien durante su existencia se dedicó a servir, a crear y a sembrar amor en su familia y sus semejantes.
Ha partido María de los Ángeles guillén de Haces, y con ella toda una etapa de creatividad cultural, social, humana y literaria que tiene estrecha relación con la historia de nuestra Ciudad Victoria, donde sembró lo más importante que deja como herencia: una familia plena en muchos sentimientos humanos de enorme valía; sus hijos son clara muestra de lo que un ser de buenos sentimientos puede lograr cuando ha crecido en un ambiente familiar lleno de amor, de honestidad, de fomento a la amistad y al humanismo, así como a ese increíble amor por nuestra tierra.
“A paso lento” se titula la obra que dejó para muchos de nosotros, y donde plasmó parte de su enorme creatividad literaria, compartida con los grupos de Bellas letras Bellas Artes, así como asociaciones y grupos dedicados a la literatura en Victoria y Tamaulipas.
Recordamos muchos de sus poemas en publicaciones de corte nacional y estatal, y sobre todo, recordamos muchos de esos momentos que compartimos en las veladas inolvidables de aquel “Mesón de Don Rodrigo”, un paraíso para muchos de los que llegamos a Victoria con mil ilusiones allá por los ochentas.
Es ahí donde tuvimos oportunidad de conocer a la maestra y poetisa María De los Angeles Guillén de Haces, a su inolvidable esposo, don Pepe Haces, y a sus hijos, entre ellos, Ricardo y Toño, así como Pedro. La vida nos ha ofrecido conocer a todos los hijos del matrimonio Haces Guillén, sin embargo, las circunstancias vividas nos hicieron tener mucha más cercanía con ellos tres, sin dejar a un lado el muy especial trato de Rodrigo o de los otros integrantes de la familia; tuvimos oportunidad de tratarlos a todos y, ciertamente, estamos seguros que han sido formados con la misma línea que adoptó María de los Angeles desde pequeña, y que tiene mucho que ver con el amor a los demás, el servir a todo mundo y sobre todo, respetar la sangre, las raíces y fomentar el amor por nuestra tierra y orígenes.
Así vivió y así se desarrollo una mujer-poetisa, una maestra-amiga, madre-hermana, esposa-compañera. Sin duda alguna, hay muchas cosas que se pueden y deberán recordar para tener como ejemplo a seguir.
Es María de los Angeles de esos seres humanos que reclamamos a la vida cuando parten, porque siempre encontramos la disposición y apoyo necesarios. En esos tiempos de llegada a nuestra nueva tierra, no podemos dejar de recordar lo trascendente que fue la familia Haces Guillén en nuestra consolidación en Ciudad Victoria, lo que podríamos decir: nuestro nuevo nacimiento, con carta de naturalización cueruda, orgullosamente tamaulipeca, gracias a lo mucho que aprendimos en el día a día de las muchas horas que la vida nos presentó como oportunidad para conocer a ese maravilloso matrimonio, a sus hijos, a sus nietos y mucha gente más ligada filialmente con ellos, base de esa familia que hoy tiene una importante pérdida.
¿Qué se puede agregar de la maestra Guillén de Haces? Todo Victoria sabe de la calidad humana con que siempre se desempeñó y compartió con todos los que tuvimos necesidad de recurrir a ella. De todos los que tuvimos el honor de conocerle y aprender un poco o un mucho de su enorme amor a la vida, a su tierra, esta tierra cueruda que ha visto nacer a miles de hijos, pero que pocos han sabido cuidar su corazón victorense y entregar esa forma de cultivo a las raíces en los suyos para que permanezcan en el tiempo.
Porque Victoria es de todos nosotros, y muchos lo aprendimos de gente como quien hoy nos abandona para unirse con su Pepe, su pareja inolvidable, su amigo y compañero.
Hoy, descansa en paz María de los Angeles Guillén de Haces. Dios gana un ángel poeta, un ángel en toda le extensión de la palabra.
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