Un número más

Ellos y ellas casi siempre terminan en crónicas de tragedia: sean los balseros magrebíes y subsaharianos que surcan las aguas intentando llegar a Ceuta y Melilla; o el enorme tráfico humano venido de Siria, Irak, Pakistán, Afganistán en la ruta hacia Lampedusa convertida ya en una lamentable fosa marítima.
La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) afirma que en cuatro meses, de enero a abril, ingresaron a territorio europeo 35 mil inmigrantes por los focos rojos de Ceuta, Melilla y Canarias (España), Lampedusa (Italia), Isla de Kos (Grecia), Bodrum (Turquía) y por Hungría y Rumanía.
Aunque la Agencia Europea de Control de Fronteras (Frontex) recién difundió que en los primeros siete meses de 2015, cerca de 290 mil personas inmigrantes ilegales llegaron por los accesos anteriormente descritos.
Lo más escandaloso no es la avalancha humana que llega viva sino el cúmulo incontable sepultado en el silencio del Mediterráneo, el trasiego termina siendo su tumba.
La ACNUR tiene meras conjeturas de cuántos de ellos y ellas de todas las edades perecen en el mar: entre los 30 mil en promedio anual hasta los 130 mil en 2014 y los más de 200 mil que se calculan han perecido en balsas, cayucos, botes improvisados entre enero y abril de este año.
Pero no son los muertos incontables e insondables los que están movilizando tanto a las autoridades europeas como a los gobiernos de los países receptores de estas masas humanas.
Lo hacen los que llegan y siguen llegando. Con base a Frontex el 45% provienen de Siria (la guerra civil, el avance del Estado Islámico y su régimen de terror son la baza expulsora); le sigue el conglomerado de Eritrea (23%); de origen desconocido (9%); Afganistán (6%); Malí (4%); Gambia (3%); Nigeria (3%); Somalia (3%); Palestina y Senegal cada uno aportan el 2 por ciento.
El meollo es a dónde van una vez entran en suelo europeo, y logran permanecer de acogida por diversas razones entre estas las humanitarias.
Alemania es el principal país seleccionado para quedarse, la locomotora de la economía tanto de la Unión Europea (UE) como de la eurozona es con todo y su consabida xenofobia natural el destino mayormente elegido por el 40% de los que tramitan un asilo.
Le sigue Suecia, Italia, Suiza, Francia, los Países Bajos, Gran Bretaña y Bélgica por orden de predilección; a la sazón las naciones que figuran con los más elevados estándares en calidad de vida e ingreso per cápita y políticas paritarias.
A COLACIÓN
Además de los problemas intrínsecos de la crisis económica que ha azotado a Europa en los últimos siete años cebándose en España, Grecia e Italia se añade la guinda de la inmigración.
Entre el disgusto de unos y la sorpresa de otros, los países de la UE llegaron al punto de acuerdo de repartirse “de forma voluntaria” a 40 mil demandantes de asilo de origen sirio y eritreo que están precisamente refugiados en Kos, en Grecia y en Lampedusa, Italia.
Nadie tiene la fórmula exacta de cómo un continente que en siglos pasados fue resortera expulsora de muchas personas y familias que hallaron en América su destino, resolverá ahora ser el imán para cientos de miles de seres humanos desesperados.
Merkel propone una repartición por cuotas entre países, más allá de la simple voluntad, pasar por la distribución forzosa a la que se oponen economías como la española que sigue arrastrando el grave pendiente del desempleo y que no ve con buenos ojos seguir engrosando las filas de la venta callejera.
Por lo pronto, el acento más rancio lo ha puesto Gran Bretaña, el gobierno de David Cameron está dispuesto a cerrar el tránsito del Eurotúnel que une a Francia con Gran Bretaña vía el canal de La Mancha.
Que dos mil personas intentaran cruzar por dentro del túnel de 50.5 kilómetros desde Calais, Francia para llegar a Reino Unido, ha puesto a Cameron los pelos de punta; él además no está dispuesto a participar en reparto alguno. Su iniciativa ha sido reforzar inmediatamente la seguridad de sus fronteras y por supuesto de tan importante vía de comunicación.
Y así entre la inexperiencia por encausar la situación, en Europa rebrota la xenofobia y el rechazo porque además el choque cultural es uno de civilizaciones entre gente que no termina integrándose. La semilla germinará…