RELATO 1.-Eran dos y solo uno sobrevivió.
Corría al año 1984 y en el rustico mercado de la colonia Industrial, allá en el Distrito Federal, dos patitos le llamaron la atención a mi hijo Said, quien, caprichoso, pedía que se los compráramos.
Y así fue, esos pequeños y delicados animalitos pasaron a formar parte de la familia, pero uno enfermó y murió a los pocos días.
El tiempo no fue suficiente para asignarle un nombre, pero al otro que sobrevivió se le llamo Florentino.
Las semanas y los meses avanzaron y resultó que “Flo” no era un patito, sino un ganso de bello plumaje blanco, de 60 centímetros de alto y erguido, muy erguido, lo que lo hacia elegante.
Pero no solo eso, porque el era cariñoso, mimoso y le agradaba que le rascara las alas y la cabeza, mientras que con su piquillo me mordía la mano y los dedos del pie, como en señal de agradecimiento por la ternura con la que siempre se le trató mientras estuvo a nuestro lado.
“Flo” era muy conocido en toda la colonia, porque con una correa al cuello recorríamos la calle hasta una fuente y allí, libre, nadaba, graznaba y se pavoneaba, para deleite de las familias que se acercaban a contemplar sus peripecias.
No falto quien comentara que estábamos más locos que la familia Peluche, porque tener a un ganso de mascota y no a un perro o a un gato, era inusual.
Aquel día, el 19 de Septiembre de 1985, me levante como a las 6.30 horas para iniciar la jornada y lo primero que hice fue ir la casita de mi “Flo”, quien estaba arrinconado, temblando, como asustado, por lo que le dije a mi esposa que el ganso estaba enfermo.
Lo tratamos de sacar de su escondite, pero “Flo” se resistía, por lo que le acercamos comida y lo dejamos en paz.
Pero el reloj marcaba las 7 con 5 cuando en el patio escuchamos ruido y era “Flo”, quien corría por la cochera lleno de pavor, lo que era inexplicable. Su comportamiento no era normal.
Mi esposa Blanca ya había partido hacia su trabajo en una escuela primaria en un taxi y yo trataba de sujetar a mi “Flo”, quien se agazapo en su casita de madera y con fuertes graznidos se revolcaba en su lugar. Aquello no estaba bien, algo pasaba y no comprendía que.
A las 7 con 19 minutos se escucho como un fuerte lamento que salía de la tierra y después una sacudida impresionante que casi me derriba al piso, por lo que corrí hacia la habitación y tome a mi hijo en los bazos y a zancadas salí de la casa.
Alcance a mirar los árboles que se golpeaban unos con otros y muchos gritos de los vecinos. Aquello era un terremoto, un fuerte terremoto que casi sepultó a la capital del país.
Por fortuna la casa era antigua y bien construida por eso no paso a mayores, pero luego llego mi esposa, quien asustada me comentó que las escaleras de su escuela se vinieron abajo y varios niños quedaron atrapado.
El taxi en el que ella viajaba impactó contra otros vehículos por el movimiento telúrico. “Parecían carritos chocones como los de la feria”, me dijo.
En fin, el resultado del terremoto de 1985 en la ciudad de México fue de miles de muertos, destrucción y dolor y fue “Flo” el que nos avisó que algo no estaba bien. El presintió minutos antes el terremoto y con su comportamiento nos alertó.
“Flo” creció demasiado y se le entrego como regalo a una familia rural del Estado de México para que gozara de la naturaleza y del espacio que todo animal merece.
Ojala que mi “Flo” no haya acabado sus días en el platillo de alguna mesa, porque él no era una mascota del montón.
Por eso, “Flo”, te dedico esto en honor a tu recuerdo.
RELATO 2.- Vaya que ella arrasó y se convirtió este viernes en la estrella.
Y es que Blanca Valles Rodríguez corto rabo y oreja en el evento que en el fue reelecta como lideresa del SUTSPET y en el que rindió su cuarto informe de labores, al cual le dio brillo la presencia del Gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre Cantú , su esposa la señora Maria del Pilar, los representantes de los demás poderes en el estado, sus compañeros diputados del PRI y los burócratas.
Blanca demostró que tiene el control y que su permanencia en la dirigencia no es obra de la casualidad, porque ha defendido bien los derechos de los trabajadores y ha sabido hacer química con los gobernadores en turno y, eso, no es sencillo.
Además, lo que más le place a sus agremiados, es que Blanca es “raza”,
Por eso se ha ganado el aprecio de propios y extraños que tienen la suerte de cruzarse por su camino.
Y ya lo dijo el gobernador: “Tenemos Blanca para rato”.
Ni modo que sea invento.