Aarón es un artesano en peligro de extinción

Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Perdido entre las calles de la ciudad, un afilador artesanal de metales tiene más de 25 años con este oficio que le ha dado para comer y vivir en la colonia Voluntad y Trabajo.

Salió de Guadalajara cuando temía doce años de edad, y desde entonces recorre las calles de esta frontera para ganarse la vida con este oficio al punto de la extinción.

Se llama Aarón Noriega Ramírez, desde las 8 de la mañana sale de su casa, y aunque es migrante por haber llegado a la ciudad desde muy pequeño, su intención nunca fue la de cruzar la frontera, sino quedarse a trabajar, y desde entonces se dedica a este oficio artesanal al punto de la extinción ante los embates de la tecnología que poco a poco hace desaparecer este tipo de oficios artesanales.

“Vine a trabajar aquí porque le necesidad me obligó, y aunque allá sí hay chamba me vine a la frontera buscar trabajo. Aquí hice mi familia y aquí ando trabajando”, explica sin dejar de afilar un cuchillo al presionarlo sobre una rueda de piedra que hace girar con una mano.

Camina mucho, quizás varios kilómetros en su dura jornada sin límite de tiempo. Se le ve agotado, pero sabe que su habilidad y experiencia para afilar metales le han ganado muchos clientes que lo buscan, ya que es raro ver a estas personas por las calles.

“Aquí me junte con una señora y vivo en la Voluntad 4; Siempre me he dedicado a la afiladuría, oficio que aprendí en Guadalajara, y creo que la afiladuría es un arte porque no cualquiera sabe afilar bien los cuchillos, las tijeras y una que otra navaja”, explica con sencillez y siempre con la cara mirando el rodaje de su instrumento girando y sacado filo a unas tijeras.

Menciona que el trabajo que hace ‘ya es antigüedad’, ya que por la forma en que se sigue realizando ha variado muy poco, puesto que era ya utilizado desde hace siglos, y no se queja de la falta de trabajo, el que es muy apreciado en tiendas, restaurantes, y por las amas de casa que utilizan cuchillos filosos para elaborar los alimentos.

La piedra que utiliza este afilador no se consigue en Nuevo Laredo; cada que se desgasta tiene que viajar a Guadalajara para conseguir otras, y aprovecha el viaje para visitar a sus familiares.
“Y si tengo chamba, para qué me quejo de la vida si tengo trabajo que me da para comer, el chiste es buscar el trabajo”, refiere.

A este afilador lo mismo se le ve en el centro de la ciudad que en algún centro comercial o en la colonia Infonavit, y para llamar la atención utiliza el conocido silbato que emite un peculiar sonido que de inmediato identifica a estos artesanos en todo el país.

Una vez que terminó su tarea, Aarón se levanta para entregar el utensilio al que sacó filo, recoge su pequeño banquito de madera, su piedra inserta en un maneral de mango corto, y emprende el camino sin rumbo fijo, solo con la idea de que alguien le llame para iniciar de nuevo con esta rutina que la da de comer.