Las preñadas y las paridas

Dentro de la actividad periodística hay de todo, como bien puede saber quien sigue minuciosamente la lectura de medios de información: habemos los que callamos un poco, medianamente y mucho, los que somos sensacionalistas, conservadores, puntuales, quisquillosos, meticulosos –es casi los mismo- analíticos y muchas más características que pudieran mencionarse.
Sin embargo, es menester aclarar que no todos los que escribimos somos periodistas: hay un grupo –lastimosamente cada vez más numeroso- de políticos que, o por desempleo o por querer hacer alguna diferencia en una elección para su nominación, se convierten en parte de las páginas editoriales, sin que se les pueda dar la categoría de columnistas ni de editorialistas.
Hay, insistimos, un poco de todo, como en la Viña del Señor, dirían algunos que conocen de dichos religiosos.
Un colaborador de varios diarios ha mencionado que algunos de nosotros somos periodistas científicos y que en los sistemas de evaluación de la Secretaría de Educación Pública no existe la clasificación para incrustarnos como promotores del conocimiento o algo por el estilo.
El mencionado colaborador de portales electrónicos dice textualmente: “sin embargo, en los registros de Prodep no se considera esta actividad intelectual como productos de difusión reconocida”, y nos otorga a algunos colegas y a un servidor la categoría de “periodista científico”. Hay que aclarar algunas cosas, y es importante, porque el compromiso de quienes tenemos como profesión el periodismo –desde 1980, para ser exactos: 35 largos años- es manejarnos con la verdad hasta donde nuestro criterio lo considera así, es decir: hay que ser honestos.
El asunto es que nosotros tenemos otra actividad que es la científica, y como tales hacemos investigación para publicar en artículos “científicos” sobre una línea determinada de investigación. En el caso personal, dentro de las líneas existentes en la Unidad Académica de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, compartimos con otros catedráticos la actividad científica de investigar y escribir para revistas arbitradas, indexadas o científicas, así como son.
Nada tienen que ver nuestros comentarios periodísticos con los artículos científicos no cumplen con el rigor metodológico de éstos ni con lo elemental para ser considerados siquiera en una revisión por pares ciegos u otro método.
Son dos cosas muy distintas escribir sobre temas de interés ciudadano o social que hacer artículos científicos.
Y ya en este caso una reconocida profesora universitaria, a quien conocimos en el ámbito periodístico hace algunos ayeres hizo la respectiva reclamación, porque se le anotó entre los “periodistas científicos” que menciona el colaborador de varios portales.
No es igual la metodología empleada para un artículo científico que una columna periodística, de las que hay, de opinión, de datos o mixta según los estudiosos del periodismo. Tampoco es igual la de un reportaje a un artículo para una revista arbitrada o indexada, términos que en otra colaboración explicaremos a profundidad para que quien nos lee pueda conocer las diferencias entre éstos.
Vivimos hace 35 años del periodismo y en los últimos lustros, combinamos el periodismo con la docencia e investigación, participando en congresos y publicaciones de corte científico.
Pero es muy distinto ostentarse como periodista científico que hacer periodismo de opinión, o inclusive, de investigación, donde hay verdaderos maestros a través de los tiempos, García Márquez, entre otros.
Somos periodistas por vocación y por gusto, por dedicación, y también, somos investigadores por las mismas razones, pero los productos son diferentes, y unos tienen procedimientos distintos a otros, lo que hay que hacer es entender claramente la diferencia.
Como dijeran en el rancho: “no hay que confundir las preñadas con las paridas”, pues.