Entendemos que cuando se habla de leyes, se habla de justicia, de aspectos que tienen que ver con el buen vivir. Así de claro.
Y no se concibe el saber que alguien que se dedica a hacer leyes vive en la trampa, el cohecho, la corrupción y aspectos que tienen que ver con muchas cosas… menos con la probidad.
Es el cso de los diputados Erika Crespo Castillo y Rogelio Ortiz Mar, quienes llegaron a ocupar sus curules por obra y gracia de la política ratonera con que contamos y que da privilegios y voz a quienes NO tienen la voluntad popular de su lado, es decir, que son “representantes populares” sin que el pueblo haya decidido que lo sean, que es la primera incongruencia del caso.
Luego, se sabe que Erika tiene ingresos por más de 59 mil pesos según una noticia local, y que corresponden a sus encargos magisteriales, es decir: no asiste pero cobra sus 59 mil pesitos, por el simple hecho de ser parte del equipo de escuderos protegidos por un individuo que responde al nombre de Rafael Méndez Salas, se ostenta como diputado federal con fuero y es dirigente de la Sección XXX del SNTE, es decir, un perfecto jefe de una banda de prófugos de las aulas.
Erika además cobra 72 mil pesos al mes por ser “representante popular”, aunque sus acciones en el seno del Congreso digan lo contrario, porque se dedica, como muchos otros de su estirpe, a vivir de los presupuestos, comisiones y prebendas extraoficiales.
Rogelio Ortiz Mar es más vivo, porque además de sus 72 mil mensuales como legislador, recibe 16 mil de parte de la Junta de Coordinación Política para gastos personales, y un sueldo por plazas y comisiones en Reynosa como “profesor” por más de 132 mil pesos mensuales.
Un par de fichas de caso que por razones que se desconocen pero se presumen, no son investigadas y sancionadas.
Existe la presunción de que la legisladora Irma Leticia Torres Silva, también del partido Nueva Alianza esté en la misma situación económica, es decir, que esté recibiendo su sueldo como diputada y otro por cosas que no devenga, o como conocemos en las calles a ese tipo de gente: como “aviadora”.
Hay que pensar en la calidad moral que pueden tener los miembros de una nada grata clase política magisterial encabezada por quien se conduce como porro, como un auténtico facineroso, y que además dirige a los profesores en la entidad.
Lo que no se sabe es donde se puede interponer una denuncia sobre los casos de referencia, quién la puede poner y de qué forma se puede hacer para que, los representados –usted y nosotros- podamos ser escuchados y saber si tenemos la facultad de demandar a estos individuos que viven de varios presupuestos a la vez, y aún así, gastan miles –muchos- de pesos en guardias de seguridad que obviamente, no cobran dos ni tres pesos mensuales.
No dude usted que, amparados por el dirigente cuya honestidad está en duda, tengan también plaza de maestros los golpeadores profesionales que se encuentran a su servicio, y que sería lo más común.
Este tipo de acciones ya no caben en el México que vivimos hoy en día: merecemos algo mejor pese a lo que sucede cotidianamente: los maestros debieran ser ejemplo de honestidad porque son los que educan y forman a los hijos, porque son los que dicen qué se puede y debe hacer y qué no.
Pero hay que imaginar, si así se conducen, qué será de sus clases y ejemplos en el salón, cuando viven dentro de un ambiente corrompido, lleno de aspectos que nada tienen que ver con el buen conducirse o la honorabilidad.
Esos son nuestros representantes populares.
Nos recordaron, con sus acciones aquel cuento infantil que se titula “Alí Babá y los cuarenta ladrones”. A usted, ¿no se le hizo también familiar el concepto?