No cabe duda que somos exigentes y aguantamos mucho: el problema de nuestras calles lo externamos pero no nos ponemos muchas veces a pensar de donde vienen estas situaciones.
Viene a colación por la ruta que recorremos periódicamente y que tiene que ver con el libramiento Naciones Unidas, así como algunas calles de la colonia La Presita y sitios que se encuentran por ese rumbo.
En el Libramiento tenemos algunos problemas con la vialidad y exigimos que sean atendidos de inmediato: no hemos comprendido que se trata de la introducción de la tubería del acuaférico Victoria, y que dotará del vital líquido a los victorenses en su totalidad prácticamente, y para la introducción de la tubería hay que hacer escalas, rompimientos de pavimento y demás.
Paciencia es lo que requerimos, porque no se puede hacer magia sin atender aspectos completamente naturales.
Y el otro caso es el que vemos en estas colonias, como en Valle Del Pedregal, donde las calles están de plano para una carrera de moto cross o algo por el estilo: las arterias de estos sitios se encuentran destruídas a grado tal que tenemos que presumir, como dicen algunas personas en broma de mal gusto: que es un fraccionamiento de “primera”… porque no se puede cambiar la velocidad a segunda sin parar antes, so pena de dejar suspensión, llanta o ambas ahí.
Es el caso de los fraccionamientos que, por ley, cuando se comercializan, tienen que contar con áreas verdes y de servicios y vialidad, lo que nos lleva a concluir que no todo el terreno se vende, porque hay que dejar lo natural para los servicios básicos.
Los fraccionadores se enriquecen de forma insultante a costilla de una mala calidad de las casas: les falla todo cuando las entregan y no tienen el menor remordimiento cuando se están cayendo a trozos antes de cumplir el año. No tienen ética ni honorabilidad y solo se dedican a recoger billetes a diestra y siniestra, sin la vigilancia que debe haber de sus actividades.
La ley de fraccionamientos les obliga a construir calles y éstas, obviamente, deben de ser de calidad. No se pide que sean como los “freeway” de la Unión Americana, pero al menos, que tengan calidad para aguantar un poco. Este fenómeno lo vivimos en Valle de Aguayo, San José, Villas del Pedregal, la Moderna y todos los lugares donde se establecen fraccionamientos.
La gente, los encargados de construir no cuidan este aspecto y no son castigados por su pillería cotidiana que no tiene moral, ni castigo… ni límites.
Somos de la idea que hay que ajustar cuentas con este grupo de personajes, constructores y fraccionadores; hace años, cuando Infonavit entregaba casas, había una garantía por escrito sobre la calidad de la misma, y si algo fallaba, los fraccionadores lo reparaban en un término prudente. Hoy no hay tal garantía, y lo que se entrega es muy mala calidad, o dicho en otras palabras: “puro mugrero”, y así lo entiende la gente que lo recibe y calla, paga por composturas que tienen que contratar para tener habitable su vivienda.
Pero las calles…
Eso es responsabilidad de estos individuos.
Y es ahí donde hay que apretar un poco más: probablemente en una ley donde les obligue a dejar una fianza por aquello de las descomposturas o rompimiento del pavimento antes de tiempo, porque no es justo que, además de caras y malas las calles, se tenga que pagar por composturas automotrices causadas por las fallas de estos señores que, uno a uno, cuentan sus pesos de ganancia y los disfrutan sin el menor miramiento.
Es necesario ajustar la ley y hacerla válida en beneficio de los ciudadanos que, insistimos, pagan mucho dinero por una casa y además no tienen servicios públicos, porque los fraccionadores no tuvieron ocurrencia de prevenir este tipo de servicios.
No se vale, como dice mucha gente, y algo se debe de hacer.